lunes, 11 de abril de 2016

Primavera.
















Mi pueblo se viste de primavera, al atardecer el gorgoreo de los pájaros, buscando sus refugios para dormir en el castillo. Es una sinfonía musical.

La imagen de Santo Domingo de Guzmán, que se encuentra en la fachada de la iglesia del mismo nombre, sonríe al escucharlos, sabe que al amanecer volverán con sus trinos alegrando la plaza de la Iglesia.
El sol ilumina sus calles, que al fondo del lago lo refleja , una vista maravillosa, pintada por el sol radiante, que saluda a todas las flores que lucen en el jardín del Castillo. La alberca se viste de limpio, donde gorriones y miles de pajarillos se acicalan para empezar el nuevo día. Un clavel reventón perfuma  a una pequeña rosa de pitiminí, que presumida, se ha despertado sonriente, el sol la mira embelesado, le gusta acariciarla.....
El lago se siente orgulloso de su pueblo, al apuntar el nuevo día, rodeado de montañas y florecillas silvestres. El calvario se asoma entre las montañas y sonríe al bello pueblo que lo quiere. Su blancura destaca entre el verdor de la sierra, ¡Qué maravillosa vista tiene desde la carretera antigua!
El Molino Ancho, recuerda aquellos tiempos, donde lavaban las jóvenes y su cascada bañaba la tierra y la molienda alegraba con su traqueteo a caballos y burros cargados con hardas de trigo.
Al pasar por la plaza de las monjas, el convento de las Clarisas presume sonriendo al nuevo día.
¡Que maravilla! la plaza de San Francisco se viste de color para recibir al nuevo día.
San Jerónimo suspira, quisiera ser el que fue y sueña con el día en que pueda convertirse en  un hotel precioso.
Bornos en primavera, lo mas bonito que hizo Dios, cuidémoslo porque es; un tesoro escondido

Araceli Espejo Gómez
6/4/2016

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