lunes, 7 de marzo de 2016

El Monasterio de las Mojas Clarisas de Bornos II Parte

R 07/03/12

EL MONASTERIO DE MONJAS CLARISAS DE BORNOS  II  PARTE



            Decíamos en la primera parte de este trabajo que, finalmente, quedo aprobado por San Juan de Ribera que se llevaran a cabo las obras de los dos edificios.

            A continuación enlazamos con el principio de este trabajo y por una vez vamos a conocer unos momentos de la Comunidad en un día cualquiera de un año cualquiera.
            Era muy temprano. Al amanecer. En la torre del Convento, a través de la celosía, de huecos de ladrillos, se adivinaban, más que se veían dos siluetas oscuras. Con los ojos de la imaginación intentemos observar de qué se trata.
            Son dos monjas jóvenes, Sor Mª de los Ángeles y Sor Carmen, quizás postulantas, quizás novicias que han subido a dar un toque de campanas. Pero faltan unos minutos, los precisos para que se extasíen contemplando el paisaje que se divisa desde su excepcional atalaya.
            El disco dorado del sol aparece por la Sierra del Pinar, entre los Picos de El Torreón y el San Cristóbal, esparciendo sus rayos por la campiña de Bornos, paisaje único, en sentir de las monjitas, que beneficia al espíritu y lo predispone a la meditación de Dios.
            Se ve la línea plateada y serpenteante del Guadalete, desde cuya orilla hasta la misma entrada del pueblo se reparten las huertas, separadas por arroyos, portadores del tesoro del agua que, desde el manantial, va pasando de una a otra para completar los distintos ciclos de fertilidad. En los arroyos se crían  libremente plantas aromáticas, cuyo olor se adivina: el mastranto, la hierbabuena, el te… y se enredan mosquetas y jazmines con campanillas de fino color morado.  Los árboles del damasco, fruto tradicional de Bornos, proyectan abundante y generosa sombra sobre una tierra rica y fértil para cualquier cultivo.
            A fuerza de observar el paisaje tantas veces, distinguen las huertas por su nombre: “La huerta primera”, “La segunda; la que fuera del Monasterio llamada “Huerta de las Monjas”, “El Cañuelo”, “Huerta de la Palma” y…tantas  otras.
            Dirigiendo la vista un poco más lejos se aprecian las grandes fincas: “Benalí”, “Las Pitas”, “Alperchite”, “Casablanquilla”, “La Jandera”, “La Hoce”, “Los Frailes”, en otros tiempos propiedad de los Jerónimos, “La Soledad”…mezcla de nombres moros y cristianos, como la propia mezcolanza de nuestra cultura andaluza. Se miran en el rio, aunque ya por poco tiempo, como una muerte anunciada, deliciosos molinos para la fabricación del pan.
            Pero volvamos con nuestras monjitas. Saben que queda poco tiempo para admirar este cuadro maravilloso, digno de los mejores pinceles; también saben que este paisaje, dentro de poco no será el mismo, Por eso lo disfrutan a diario.
            El tiempo se termina; hay que dar el toque primero de la misa. Así lo hacen y, en silencio, bajan la angosta escalera de la torre para asistir a la hora del Coro.
NOTA: las fotografías representan a un grupo de monjas durante un descanso en el huerto.
A.      RODRÍGUEZ HIDALGO.

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