martes, 19 de enero de 2016

Agradecimiento en facebook, desde Alicante.


Buenas tardes a tod@s l@s bornichos por el mundo!!
¡¡¡¡Que alegría más grande haber descubierto esta página de mi querido Bornos!!!!..

y más alegría aún leer las palabras hacia mi abuela: ANITA LA GARVEY. Soy la última que recogió de seis hermanos que fuimos. Soy hija de Anita La Garvey (hija) y de Antonio El Barquillero. 
En el año 67 vinimos a Alicante, como tantos otros a otros lugares, pero no hay día que no lo piense. Hace dos años y después de 47, volví con mis hijas y volví a la casa donde vivimos y a su vez nos trajo al mundo en la calle Calvario, Anita La Garvey...¡Como le hubiese gustado a mi madre poder oír lo que se está escribiendo de la suya. 
MUCHÍSIMAS gracias a mis paisan@s por este reconocimiento y si alguien recuerda algo más que lo vaya poniendo y así reviviremos aquellos momentos.
Anita.




domingo, 25 de enero de 2009


Ecos de mi memoria. Anita la Garvey


A mí me recogió tres, pues a mi me recogió cuatro, a mi me los recogió todos. Estos fueron muchos de los comentarios que a medida que fui aprendiendo a pronunciar mis primeras palabras oí también a muchas mujeres del vecindario.

Naturalmente, se referían a Anita la Garvey, mujer que de forma altruista asistía a todos los partos a los que era solicitada. A lo largo de mi infancia la ví entrar y salir de muchas casas, casas en las que desde la calle y, recordando aquello que Dios dijo a Eva, ¡¡ y parirás a tus hijos con el dolor de tus preñeces !!, se podía deducir claramente que un nuevo ser empujaba para incorporarse al mundo.

Creo que no cabe recordar que en aquellos años todos los partos se llevaban a cabo en el propio domicilio, y que en el caso de la gente humilde la asistencia médica sólo era requerida " in extremis ".

La señora Garvey vivía en la calle Calvario, frente a las escaleras, aún la recuerdo perfectamente; su vestido negro hasta media pantorrilla, su delantal siempre puesto y su cabello gris recogido en un rodete sujeto a la nuca.

Lamentablemente no puedo describir la mayor o menor eficacia con que esta señora desempeñaba su gran labor, pero sí puedo asegurar que aún quedamos muchos bornichos y bornichas a los que sus manos ayudaron a salir del claustro materno, las primeras manos que nos lavaron y las primeras que nos dieron el primer tortazo en las nalgas para que rompiéramos nuestro primer llanto. Es por lo que hoy, con mi mayor respeto y consideración hacia esta señora, en esta sala de tertulia de B P M quiero expresar mis elogios hacia ella y traer a Anita la Garvey y la labor que realizó a la memoria de cuantos la conocieron .

A la Anita la Garvey, q e p d.

Con mis mejores saludos , J. Cabrera

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