lunes, 26 de mayo de 2014

Funámbula de reloj y vesanias inquietas

Primer aniversario del pregón a la
VII Semana Cultural de Bornos



Apenas nos distanciamos un año y, una noche más, vuelvo a encontrarme, de pie entre las sombras, a ciegas entre los sueños, insomne ante este silencio de capilla en ánimas, de sepulcro vacío, que precede al alba confusa de las incertidumbres.
Hoy, a unas horas de cumplir nuestro primer aniversario, renuevo estos votos míos eternos con la cultura, con las raíces profundas de las aguas, con los adalides fieles del saber, inmemorial, de todos los pueblos y de todos los tiempos.
En sombras, en esta noche gastada, rememoro cada instante que titubeé escondida entre mis miedos, presencia etérea a los pies de tu cama, en silencio, rodando entre los dedos un rosario de pieles viejas y labios rotos… Con los terrores cosidos al alma del reo que aguarda el alba y el cadalso… o la ilusión secreta de la novia ante el tálamo níveo que espera.
Dicotomía de universos rompiéndose bajo el alma.
Pero tú me miraste con ojos nuevos, esos ojos tuyos que son capaces de encontrarme incluso en la más oscura de las noches, para recordarme que estas alianzas forjadas ya serían para siempre, que el cadalso, si aguardaba, sería la mejor de las muertes: porque dejar mi vida en el campo fértil de la cultura sería, a la postre, la mejor moneda de cambio.
Que el tálamo, si dulce, sería una sorpresa que el corazón no anida… pero dulce y voluptuosa como el más tierno fruto de estas aguas, que se hunden bajo las raíces que nunca duermen, por los pozos profundos, al arrullo de las huertas que resisten al tiempo y al hastío.
Que la capilla, cuando cayese el telón, sería un recuerdo vago de esta noche en vela que me devuelve, a un año vista, a las teclas, la incertidumbre y los crespones de luto.
Dentro de unas horas volveré mis pies sobre el recuerdo, quedos pasos de silencio y claustro vacío, eco de voces muertas y rumor de agua, conciencias atronadoras y corazones callados… Subiré al atril a media luz… a mi siniestra, mi eterna presencia dibujada… al fondo de mis sombras el aliento contenido… y una mano, junto a las escaleras, para no dejarme caer jamás.
Volverá el hálito y la serenidad tempestuosa…
la voz rasgando el silencio de sacristía…
la paz, inmensa, de la palabra.
La revolución, convulsa, por la cultura.
Y al final, cuando la luz se ice como un telón inmenso sobre el patio de butacas, las sonrisas dibujarán de nuevo el dulce tálamo de las alianzas forjadas, para siempre, con este manantial eterno de vida y letras que me entregó a un mundo incierto.
Volveré a daros las gracias con aquella voz de mayo de dos mil trece, debatida entre la tempestad y la calma, entre la sonrisa y la ausencia, por dejarme sentir como jamás antes lo había hecho: a tantas almas al unísono que era incapaz de encontrar la mía propia entre las letras, dispersas, por el ambiente extático de la tarde… bajo las aguas, profundas, que nos recuerdan, una vez más, dónde se hunden nuestras raíces.
Y, sin embargo, en esta noche rota, sé que me será imposible devolveros la sonrisa.
Sé que la dulzura se vuelve acíbar en estos labios distantes en el tiempo… porque hoy, para nuestro infortunio, asistimos a los más petulantes esfuerzos por esconder que la Cultura, nuestra Cultura con mayúsculas de honorable dama de rancio abolengo, ha sido víctima mortal de todas y cada una de nuestras venerables instituciones…
De nada me sirven los émulos mal encarados, el maquillaje ridículo de los circos políticos donde se juega al gato y al ratón, al baile de perrillos amaestrados, a la mujer barbuda, los titiriteros difuminando la tramoya desgastada y el prestidigitador preciso con todas las sonrisas del mundo endulzando promesas vanas y la raíz amarga de la cicuta.
Hoy nos arrojan las migajas dispersas para que olvidemos que en Bornos, hasta el año pasado, hubo una gran Semana Cultural. Que unos locos se pusieron un día a trabajar para que este pueblo, tan muerto siempre, tan carente de vida cultural, tuviese al menos una vez al año un motivo para arrojarse a las calles, para ver, para sentir, para CONOCER e imbuirse de un mundo que no siempre estaba a su alcance. Y a esos quiméricos Quijotes se sumaron muchas otras manos, muchos otros escuderos dispuestos a poner al servicio de aquellas lanzas las más fieles adargas, las horas más duras de trabajo, las largas noches desveladas, los viajes, las alianzas, los granitos inmensos de arena con las que reconstruir un mundo de sueños partiendo de la nada.
Pero el tiempo no siempre pone a todos en su lugar.
Ni siquiera es el poderoso caballero imbuido en su traje mordaz de talón al portador.
Al final es la casta política, como siempre, la que destruye todo lo que huela a librepensamiento: porque el saber nos hará libres y, por desgracia, un pueblo libre ya no interesa a nadie. Porque un pueblo que lee, que sabe, que reacciona ante las injusticias, se vuelve un pueblo peligroso para el inmovilismo del que sólo se benefician unos pocos, aferrados con sus peores garras, a la poltrona de sus ambiciones.
Hoy, hace un año, comencé mi pregón indeciso con un réquiem por nuestra cultura y finalicé con unas palabras de esperanza de don Miguel de Unamuno:
“La libertad no es un estado sino un proceso;
sólo el que sabe es libre, y más libre el que más sabe.
Sólo la cultura da libertad.
No proclaméis la libertad de volar, sino dad alas;
no la de pensar, sino dad pensamientos.
La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura.
Sólo la imposición de la cultura lo hará dueño de sí mismo,
que es en lo que la democracia estriba”.

Hoy, a un año de desilusiones, alzo mi réquiem al cielo y pregono a los cuatro vientos que desatan esta locura nuestra, rogando a los dioses en sus olimpos y a los hombres en su recorrido de piel y tierra, que insuflen un último hálito de vida a esta Cultura nuestra… Que no esté yacente entre mis manos tristes: que sólo sea un mal sueño del que nos despertaremos, otro mayo más, con la ilusión recién estrenada, la sonrisa entre los dedos y las raíces bajo las aguas limpias de este manantial de vida que no puede secarse jamás… que volverá, rediviva, a hacer de los hombres un pueblo con un mañana posible.
Así que hoy os insto a salir de las sombras, a llenar las calles de esta cultura nuestra, los árboles de poemas nuevos, las aceras de cuadros recién pintados, que el viento de la tarde traiga melodías arrancadas al silencio y en cada esquina se desarrolle una escena de teatro, un musical improvisado, un mimo dibujando palabras al aire… o un prestidigitador dando honor a su oficio, lejos de las tribunas y de la malversación de los gobernantes.
Que el pueblo, al azar, en improvisados actos de libertad creativa, no olvide que es mayo, que aún no agoniza, que palpita bajo las aguas el mayor de nuestros tesoros y que trabajando, juntos, es posible. Que uno a uno arranque bajo sus pies las raíces amargas de la cicuta y, sin mirar atrás, llenen las calles de vida.
Porque mientras quede un ápice de esta vesania nuestra, podremos decir que duerme un extraño letargo, malherida, frágil y desgarrada, pero que aún VIVE ESTA CULTURA NUESTRA.
Feliz Semana Cultural en ausencia… pero en el corazón siempre.
Gracias, semaneros, por todo.
Larga vida a ti, mi Bornos, y a cada uno de los bornichos de bien.
Y sin más… tiempo al tiempo.





Granada, 26 de mayo de 2014.

María Luisa Castro Sevillano.

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