domingo, 23 de marzo de 2014

La Berza Flamenca de Bornos (VII), IV Festival

LA BERZA FLAMENCA DE BORNOS (VII)
IV FESTIVAL


Antonio Ruiz Soler, Antonio El Bailarín

            Con los triunfos obtenidos en los anteriores festivales, la Comisión se propone "el no va más": Traer al primer bailarín de España y uno de los mejores del mundo: Antonio Ruiz Soler, conocido artísticamente como Antonio El Bailarín, en cuyo sobrenombre conviven el baile flamenco con el baile clásico. Nació en Sevilla (4-11-1921) y muere en Madrid (5-02-1996)
            La contratación de Antonio fue una carambola del destino. Por aquellas fechas se encontraba en Arcos de la Frontera rodando una película, a cuyo rodaje, como invitados, asistían el Alcalde y el Juez de Instrucción. Antonio era muy exigente con la coreografía, precisamente porque él mismo era Coreógrafo y en un momento del rodaje, que no estaba saliendo a su gusto, soltó una blasfemia. Como impulsado por un resorte, el Juez se levantó, paró el rodaje y mandó a una pareja de la Guardia Civil que detuvo a Antonio y se lo llevó a los calabozos.
            La repercusión de este hecho dio pié a la prensa sensacionalista que al día siguiente se explayó en comentarios de todo tipo. Pero Antonio estuvo, al menos una semana en la cárcel, mientras fue expedientado. Su abogado fue, precisamente, Antonio Murciano.
            Con razón o sin ella, Antonio, se explayó en unas declaraciones contra la gente de Arcos, encabezadas por su Alcalde D. Laureano Barrera.
            Y este fue el momento propicio que la Comisión del Festival aprovechó para hablar con el famoso bailarín. Hablaron con él en un clima favorable, porque entre el disgusto que le habían dado en Arcos y que ya tenía algunas referencias de La Berza Flamenca de Bornos, el caso es que, por la misma cantidad que las anteriores primeras figuras, aceptó el compromiso de actuar en Bornos en la cuarta edición del festival, que se celebraría el 17 de Agosto de 1974.
            Un día antes apareció un camión grande del artista que transportaba, entre otras cosas chapas de madera para forrar el tablao y la iluminación que utilizaba en sus actuaciones. Varias personas, pagadas por él, pasaron varias horas trabajando para dejarlo todo a su gusto. Al frente de los trabajadores venía una persona de su confianza que sabía cómo debía quedar todo.
            Sobre las ocho de la tarde Antonio se presentó en el recinto del Festival, acompañado de su hermana, que presentaba cierto defecto  de nacimiento que le hacía cojear.
            La Comisión lo recibió, con la misma deferencia que a las otras primeras figuras que había pasado por el festival, invitándolo en la barra que montaba Alfonso "El de El Casino".
            Antonio se dirigió al escenario y supervisó todos los arreglos efectuados, dando su aprobación. A la vista del marco que presentaba  el patio de Los Ribera, se fue haciendo una idea de la categoría del Festival y fue dejando atrás cualquier recelo que pudiera traer sobre el mismo.
            En la intimidad, Antonio se reveló como una persona entrañable y dicharachera, contando, entre otras cosas el percance de Arcos.
            Se iba acercando la hora del comienzo, así que dejó la reunión y se dirigió con su hermana al camerino para prepararse para su actuación.

ARTISTAS CONTRATADOS:
Antonio Ruiz Soler, "Antonio el Bailarín"  Artista homenajeado.
LOS DEMÁS:
Locutores:  Elvira Velasco y Pepe Cuesta de Radio Sevilla de la S.E.R.
Mantenedor y presentador del homenaje: Amós Rodríguez.
ARTISTAS:
Fosforito, El Lebrijano, Terremoto de Jerez, Inés de Utrera, Chano Lobato, Pedro Peña, Manuel Morao.

            Los artistas fueron interviniendo. Eran todos muy conocidos en el arte flamenco y el público fue entrando, sin darse cuenta en una espiral de cante y baile del mejor, pasando, como en las anteriores ediciones, una noche indescriptible. Estas primeras intervenciones fueron creando el ambiente necesario para la explosión de arte final a cargo del artista invitado Antonio El Bailarín.
            Se hizo el silencio en el recinto. La iluminación del escenario  se apagó lentamente. El público apreció que una figura negra subía los peldaños de acceso al escenario y se situaba en el centro. Muy lentamente la claridad fue volviendo y se pudo apreciar la figura de Antonio, embozado en una capa española y tocado con sombrero cordobés negro. Los asistentes irrumpieron en un cerrado aplauso ante el inmovilismo de la figura. Una puesta en escena que ninguno de los presentes habían podido contemplar nunca, propia de un artista único, avezado por sus intervenciones en los mejores teatros del mundo y, cuando digo mundo, sin duda me refiero a los cinco continentes.
            Poco a poco Antonio fue desprendiéndose de la capa que arrojó al fondo del escenario. La orquesta "Sevilla" comenzó el inicio de una partitura que ya nadie olvidaría "El Amor brujo" (Autor Manuel Falla).
            Antonio, al compás de la música, primero muy despacio se fue desplazando, con un baile, sereno y acompasado, hasta la derecha del escenario. Se volvió en el momento en que la orquesta seguía con un "andante maestoso" (movimiento pausado) que el Bailarín fue siguiendo con pequeños pasos, hasta que la orquesta rompió en un movimiento largo, lento y de alta sonoridad. En ese momento Antonio comenzó un baile rápido con taconeo, levantando los brazos, contorsionándose, ejecutando pasos rápidos y cortos, hasta que, al compás de la música quedó clavado, como una estatua en el centro del escenario.
            El público, asombrado, no reaccionaba, hasta que, de pronto, comenzó a sonar un aplauso incontenible que duró mucho tiempo, acompañado de gritos de entusiasmo. Habíamos contemplado el buen hacer de un artista maravilloso en la ejecución de una partitura única. Coincidencia: el autor, natural de Cádiz, el artista,  de Sevilla. ¡Qué más se podía pedir!
            Antonio saludaba continuamente. También él estaba sorprendido del público que tenía delante.
            Nuevamente tomó posición en el centro del escenario y continuó una serie de interpretaciones, la primeras, clásica,  "Sevilla", de Albéniz y  finalmente, el flamenco: "Anda jaleo", coreado por todos los artistas en el escenario y "Los cuatro muleros", para terminar con un "Martinete", acompañado al cante por Chano Lobato, con lo que finalizó su actuación.
            El mantenedor Amós Rodríguez se le acerca y lo lleva ante los micrófonos donde le dedicó un sentido panegírico.
            Antonio no cabía en sí de alegría.  Después del calvario pasado en Arcos, esta noche y este público le había hecho olvidar todo lo malo de su estancia en la ciudad de La Peña.
            Seguidamente subió el Alcalde Domingo Sierra que, con sencillas palabras, le hizo entrega de la medalla de oro del festival. Antonio la recibió y estrechó fuertemente al Alcalde en un abrazo de agradecimiento. Domingo Sierra, entonces, se dirigió al fondo del escenario y descolgó el cuadro del Festival "La Berza Flamenca de Bornos", obra del decorador  Pepe Guerra, de Jerez, y se lo entregó, caso único, a Antonio El Bailarín, en prueba de cariño de todo el pueblo de Bornos.
            Antonio, con el cuadro en las manos, se dirigió al público y dijo: "Lo conservaré en mi finca "El Martinete", donde lucirá con mis más preciados trofeos".
            Acompañado de los aplausos, bajó del escenario para dirigirse a su camerino.
            Una vez terminado el festival y desalojado el recinto, todavía seguían Antonio y su hermana en la barra del Bar, acompañado de la Comisión. Estaba contento y feliz y, al marchar, quiso que lo acompañáramos al coche.
            No podíamos figurarnos lo que sucedería. Cuando bajó la escalinata de la Plaza para dirigirse hacia la Plaza del Ayuntamiento, de pronto, comenzó a bailar, en la soledad de la calle: a medida que andaba, haciendo giros y filigranas que antes no habíamos visto. Tan satisfecho estaba que, durante el baile, de pronto dio un salto enorme y se encaramó en el capot de su propio coche, donde siguió bailando. Para Antonio, su arte no tenía tiempo ni lugar.
            Y de pronto, la sorpresa, su hermana, a pesar del defecto en una pierna, comenzó a bailar, jaleada por el propio Antonio, con una agilidad impropia de su situación. Así estuvimos una media hora, hasta que se despidieron de nosotros, y el coche, conducido por el chofer, enfiló la calle San Jerónimo.

A. RODRÍGUEZ HIDALGO
CONTINUARÁ


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