lunes, 20 de enero de 2014

Viaje por la Europa mediterránea de 1975 (X)

VIAJE POR LA EUROPA MEDITERRÁNEA DE 1975 (X)

Scopje
            10 de Septiembre.-Salimos tarde de Titogrado y, cada kilómetro que recorríamos, deseábamos con más ganas salir de Yugoslavia. La pobreza se acentuaba por momentos. La gente había cambiado de aspecto y de indumentaria; ahora se veía mucha gente con chilaba y turbante. Daba la impresión de que estábamos atravesando Marruecos. Se notaba la influencia islámica a través de los turcos o de Bulgaria.
            A las 16:00 horas  paramos en un pueblo pequeño para almorzar. Se ven por todas partes niños pidiendo descalzos y gente muy mal vestida.
            Comimos rápidamente y seguimos la carretera hasta Skopjes. Era ya casi el final del recorrido por Yugoslavia, cuando recalamos en esta ciudad que merecía la pena visitarla.
            Scopje es la capital y mayor ciudad de la República de Macedonia. Es el centro político, cultural, económico y académico del país. La ciudad se desarrolló rápidamente después de la Segunda Guerra Mundial, pero esta tendencia floreciente se vio interrumpida en 1963, fecha en que fue sacudida por un terremoto que produjo cuantiosos daños. En ocho años la ciudad había conseguido su anterior aspecto y en 1991 se convirtió en la capital de un Estado Independiente: Macedonia. Está situada en una de las principales vías norte-sur de los Balcanes, ruta entre Belgrado y Atenas. Fue la ciudad más importante con que nos encontramos. Buena infraestructura e importantes monumentos. Actualmente tiene más de 600.000 habitantes que supone la cuarta parte de la población del país.
            A las 16:00 horas paramos en un pueblecito para almorzar. Se ven por todas partes niños pidiendo descalzaos y gente muy mal vestida, por lo que la ciudad antes visitada debía ser una excepción en un país tan pobre.
            Era el momento de tomar una decisión importante: seguir viaje hasta Bulgaria o cruzar la frontera para Grecia. Por unanimidad decidimos lo segundo, porque, ya sabíamos que Bulgaria era todavía peor que Yugoslavia. Fue una verdadera paliza pero mereció la pena.
            Pasamos la frontera griega sin ninguna dificultad. A escasos metros había una oficina de Teléfonos y Telégrafo y la persona que nos atendió se comportó con una amabilidad extrema. Estuvo una hora intentando conectar con España sin conseguirlo; después nos enteramos que sólo había una línea desde la frontera.
Grecia, El Partenón de Atenas
            A dos kilómetros nos alojamos en un hotel precioso, limpio y confortable, bastante más económico que los de Yugoslavia. Cenamos en el restaurante del mismo hotel y tampoco pudimos hablar con España. Nos fuimos a descansar ya con el talante distendido y alegre, porque todo indicaba que Grecia sería otra cosa. Al menos a ese convencimiento nos llevó la publicidad turística recogida en el hotel.

A. RODRÍGUEZ HIDALGO Y JOSÉ JURADO GIRÓN.

(CONTINUARÁ)

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