domingo, 10 de septiembre de 2017

Cartas Bornesas, 10ª.

Cartas Bornesas, Carta 10ª
Telesforo de Trueba y Cosío
Obra varia
Estudio preliminar:Salvador García Castañeda.
Servicio de Publicaciones, Universidad de Cantabria.
Santander Junio de 2001.
Transcripción: M. Martel.


¿Diversión? ¿Estás loco para hacerme semejante pregunta? ¿En Bornos divertirse? Tan fácil es esto como encontrar constancia en un valenciano y verdad en un andaluz,  justicia en los alcaldes de este pueblo o sentido común en su vicario. Si quieres saber como paso el día, haz la cuenta que lo mismo que el pobre animal que está dando vueltas en la noria con esta sola diferencia, que la ocupación de aquél atrae utilidad y que la mía es susceptible de ninguna.

Estoy todo el día metido en casa, tumbado a la larga, o ensuciando papel, ir al baño y dar un corto paseo al anochecer he aquí la manera de pasar el tiempo. Para mí, todos los días son iguales. La monotonía de esta vida te parecerá incompatible con mi genio y hábitos pero, amigo estoy persuadido que el hombre se hace a todo mientras no le falten las primeras necesidades de la vida. Sin embargo, hay una cosa a la cuál no puedo ni podré jamás acomodarme, como tú sabes a lo que aludo no necesito repetirlo.



Ayer fuimos con el tío Surita a visitar el fuerte Planelet y sus alrededores, donde se dio en tiempo de la Independencia la acción del Guadalete que el general Ballesteros perdió cuando estaba ya casi ganada. Del fuerte no han quedado más que unas pilas de piedras, vestigios de sus paredes, pero lo que más me horrorizó fueron los huesos insepultos que se encuentran todavía de los que allí fenecieron. Esto trajo a mi memoria mil recuerdos dolorosos. El nombre de Ballesteros despertó mi indignación y no podía concebir cómo un hombre que había profesado un tanto odio a los franceses pudo después venderse. Pero no renovemos ideas capaces sólo de entristecer el ánimo. Gracias a Dios, en Bornos sobran causas para que uno rabie y se entristezca cuanto le dé la gana, sin necesidad de hacer otras fuera de lugar.

El guardián de san Francisco nos hizo ayer su segunda visita; como te puedes imaginar, venía a pedir limosna. Su persona es bastante bien parecida, tiene el genio alegre y fama de ser sumamente galán con el sexo, no pongo el adjetivo bello, porque éste no tiene nada que calificar en Bornos.


No sé si el guardián será exagerado en su servilismo, pero le veo mucho con el vicario, y quien con lobos anda, etc. Ay, amigo, es un gusto pasar por el campo de san Jerónimo cerca de la puerta del convento al caer la tarde . Todos los gordos y netos están reunidos allí a esa hora; si yo tuviese la gracia de oir con los ojos, ¡qué famosas y edificantes conversaciones te podría referir! pero, amigo, como no tengo ese don, me guío sólo por sus semblantes que no dejan de ser un barómetro político bastante exacto. Hoy los he visto a todos muy cabizbajos y el vicario dicen se halla muy malo: Ello dirá..., y entretanto, manda tu amigo todo lo que quieras menos el que le haga una visita de cumplimiento al alcalde, que diga que me gusta Bornos u otra mentira semejante.

R/ 9 de noviembre de 2008

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Más porquería insana pael pueblo, ese tio era un amargado

Anónimo dijo...

Aquí, en esta carta, sí insulta directamente a Bornos y a los bornichos. Valiente mentecato, jajaja, me hace gracia por lo despreciable que es. Un saludo.

A. Benítez.

Anónimo dijo...

No conozco ningún libro donde se ataque de semejante manera a una población por el simple hecho de unas causas políticas donde encima los habitantes son inocentes. ¿Que culpa tenían los bornenses de aquella época de nada?
El que dijo que Telesforo dejó herencia en Bornos no sé en que ni quien estaba pensando, quizás en él mismo.
Las Cartas no hay por donde cogerlas, flaco favor al género epistolar.

Cemanue dijo...

Me reitero en el comentario que hice hace unos días: Alquien que no para de insultar a Bornos solo merece el desprecio y el olvido.

Miguel Angel Aguaera dijo...

Es increible, lo que un amrgado de la vida, puede decir de gente con la cual por lo que él mismo dice ni se relacionaba. Lo mejor, creo, es que cuando nuestro buen amigo M. Martel, termine de enseñarnos todas las cartas, de este "...", ponganle el adjetivo que cada uno crea conveniente, simplemente, nos olividemos y no comentemos más de semejante villano.