viernes, 27 de septiembre de 2013

Carta abierta al Águila Roja

CARTA ABIERTA AL ÁGUILA ROJA.

Acabo de terminar de ver “Águila Roja”, con su realismo escénico y con sus desfases históricos, y tengo que decir que a pesar de todo ello, me relaja más que cualquiera de los informativos que emiten en las distintas cadenas, o cualquier artículo de un tal Risto Meijide (vaya pájaro éste).

Sí que me relaja “Águila Roja”, pero quiera o no, no se me quita de la cabeza si ese niño perdonará algún día a su padre.
Aparentemente, ese niño (me refiero al hijo del maestro), al que ya le está saliendo bigotillo (recuerdo cuando me afeité las primeras pelusillas, a instancia de mi amigo José María Ramírez, quien ya se las había afeitado un par de semanas antes), recibe todo tipo de atenciones  y la mejor educación posible por parte de su padre. Pero no; yo no lo veo así. El padre, aunque no lo desee, está privando a su hijo de ser feliz, de ser el niño más feliz y dichoso de toda la “villa”. Le da la mejor educación que puede darle, los mejores consejos, los mejores ejemplos con su comportamiento, pero, sin saberlo el pobre niño, al que se le nota que está carente de felicidad, el modélico maestro le está privando de la mayor de las dichas de un niño de esa edad, y más en aquella época que les tocó vivir.
Por favor, “Águila Roja”, quítate ya de una puñetera vez la máscara; y te la quitas en el salón de tu casa cuando Margarita, Alonsillo y el Satur estén esperando a Gonzalo el maestro para comer. “Águila Roja”, ¿te imaginas la cara de felicidad que iba a poner tu hijo?, ¿te imaginas lo orgulloso que se iba a sentir ese niño? Aunque no pudiese decirle a nadie la identidad del “Águila Roja”, ¿te imaginas lo henchido de felicidad  que iba a salir a la calle ese niño y lo orgulloso que iba a estar de ti? Hombre, no le robes la felicidad a tu hijo, que es el único que tienes. Porque mira, si tuvieras dos o tres, te comprendo. Podrías decir, “si se lo digo a uno, se lo tengo que decir a los otros, y siempre hay alguno que se vaya del bistec”. De verdad que no te comprendo.
Pero no te comprendo ni a ti ni al Satur. Satur, por favor, que tú eres como un abuelo para tu Alonsillo, y los abuelos, bien sabes tú, que lo único que persiguen es hacer feliz a sus nietos, dándole lo que no le dieron en su día a sus hijos. Sin que se entere el padre, se los debes de decir, que el maestro y el “Águila Roja” son la misma persona. Y otra cosa, Satur, y con esto termino contigo, cómprate otro gorrito, que el que tienes es un poco......, tú ya sabes, que es algo ridículo.


Domingo

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