lunes, 29 de julio de 2013

“El secreto de los Duendes “ I

 “El secreto de los Duendes“ I
Cuento de mi mundo de papel.
Araceli Espejo

Había una vez una casa en el bosque. En ella habitaban una familia que tenían tres hijas y un perrito muy pequeño que lo llamaban Tuno. Era muy bonito, las niñas lo querían mucho y jugaban con él y con una muñeca rubia de largas trenzas.

La mayor de las niñas era de tez morena, su madre la peinaba con flequillo y una pasada de flores, tenía la cara muy bonita y se llamaba Meri. La segunda lucia el cabello cortito y reflejaba en su cara alegría y viveza. Se llamaba. Julia. La más pequeña era rubita con el pelo  muy rizado y la cara pecosita. Sus travesuras tenían fama, pero tenía muy buen corazón. Su madre la reprendía muy a menudo. Se llamaba Marina.

Cuando venían del colegio ayudaban a su madre en los que aceres de la casa y en invierno salían al bosque en busca de leña y de frutos silvestres. Casi siempre les acompañaba el perrito, cuando se cansaba lo subían en una carretilla de madera que el padre había hecho. Algunas veces cogían a la muñeca y la subían también en la carretilla, aunque Marina prefería cogerla en brazos. Decía que era su niña.

Meri le dice a su madre que tiene mucho que estudiar y no puede acompañar a sus hermanas. Éstas están acostumbradas a ir al bosque y se quedan conformes. Su  madre las abriga y le dicen que no se alejen mucho. Ellas asienten con la cabeza y después de coger la carretilla y la muñeca caminan seguidas de Tuno que con sus ladridos y saltos asustan a los pájaros y  animales del bosque.  La tarde es clara y despejada, ellas caminan alegres y van haciendo montoncitos  con la  leña que se van encontrando para recogerlos a la vuelta.

En unos matorrales empieza Tuno a escarbar y ladrar. Las niñas lo llaman pero él no hace caso y sigue buscando. Las niñas se acercan y no ven nada,  lo cogen embarazos y lo suben en la carretilla. Marina salta y ríe cogiendo piedrecitas para tirárselas a su hermana y no se da cuenta que ha dejado la muñeca donde estaba el perrito escarbando y ladrando, cuando pasa un rato se da cuenta que no está y que su hermana tampoco la tiene decide ir a buscarla. Después de mucho mirar en un sitio y en otro, la encuentra tapada con unas ramas. El perrito salta de la carretilla y otra vez empieza a ladrar, ella se agacha para cogerla y nota que por mucho que tira de ella no la puede separar del sitio se agacha para quitarle la ropita para poder cogerla. Su   sorpresa es grande al ver dos personitas muy pequeñas que la están mirando. Ella se acerca muy asustada, pero no quiere soltar a la muñeca.
-¿Quien sois?- pregunta y unas risitas se oyen claras y alegres.
-Somos los duendecillos  del bosque. Nos hemos encontrado esta muñeca y la queremos  para jugar con ella por eso no la soltamos.
-Pero la muñeca es mía. Responde ella
- ¿Como siendo tan pequeños tenéis tanta fuerza? -
Ellos ríen de nuevo.
-¿Y tú porque preguntas tanto?-
Julia  estaba separada de ella recogiendo leña que había por allí y se extraña que su hermana este hablando sola. Querrá gastarme una broma piensa. Me acercaré por detrás y el susto se lo voy a dar yo. El perro está sentado muy cerca de Marina con las orejas mu tiesas y sus ojos tienen cierto temor. Ella camina despacio para asustar a su hermana, pero esta ha visto su sombra y se pone de pié de un salto.
- ¿Con quién hablas?-
-Agáchate y mira -
-Lo único que veo es  la muñeca –
- No, fíjate bien – ella lo hace y ve a los duendecillos que la están mirando.
-¿Quién son? – pregunta.
- Son los duendecillos del bosque  y no quieren soltar la muñeca dicen que la quieren para jugar con ella ¡Y no veas la fuerza que tienen!
Se acercan más y ponen sus caritas muy cerca de ellos para verlos mejor y le dicen
-¿Por que no jugáis con nosotras?-
Ellos se ponen derechos muy serios.
-¿Como fiarnos de ustedes? Si todo el que pasa,  llena el bosque de basura y nos quieren pisar, cuando más tranquilos estamos. Prenden fuego y se queman muchos amigos nuestros. Los pájaros se van por que no pueden hacer sus nidos. Escuchamos como lloran los árboles y estamos todos en peligro…
-Pero eso lo hacen gente sin escrúpulos, nosotras respetamos la naturaleza y queremos a los animales –
-¿Ustedes no harían daño a nadie?-
-Mi hermana es un poquito traviesa, pero no hace daño a nadie.
El perrillo da un salto y se acerca
-¿Y ese quién es?- preguntan
-Es nuestro amigo se llama Tuno. El perro salta de, es un perrito muy bueno, le gusta jugar con nosotros y nos quiere mucho.  Los duendes sueltan a la muñeca y salen del escondite de los matorrales. Las niñas los cogen y se los ponen en las palmas de las manos. Ven que tienen los gorros dorados igual  que las camisolas  y los pantalones azules. Lo acarician y el perrillo quiere olerlos, estos se asustan y se agarran a los dedos de las niñas. Estas lo retiran diciéndole.
-No hagas nada, que son amigos y solo quieren jugar con nosotros.
Los duendes más tranquilos hablan con ellas. Estas se dan cuenta que la tarde viene avanzando y tienen que volver a su casa. Quedan en verse en el mismo sitio. La madre está extrañada de la tardanza de sus hijas. Cuando  llegan, le cuentan la razón y la aventura que han vivido con los duendes, la madre queda pensativa.

Continuará.

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