miércoles, 26 de marzo de 2014

Una murguista historia de Bornos. Pág. 6.



A hacerles frente salieron
unos setenta ancianos.
El hogar del pensionista
lo estaban encalando
y sin sitio donde ir
con los moros se enfrentaron,
llegando incluso a ganar
y muriendo solo cuatro.

Por aquel viejo entonces
cuando Beatriz no vive,
le sucede pues su hijo,
el buen Francisco Enríquez,
un hombre caritativo,
que repartía limosna
para después al Frasquín
dejar fiadas las copas.

Este hombre encargó
construir un monasterio:
era el de los jerónimos,
ya sólo quedan los restos.
En el mil quinientos cinco
se inauguró el edificio,
pero a cada instante
había que reformarle un trocito.

Varias décadas de arreglos,
pues los primeros obreros
se creían que la mezcla
era un güisqui con refresco.
Don Francisco, que murió
en el mil quinientos nueve,
no pudo verlo acabado;
vivir tanto no se puede.

Al no tener descendencia,
los monjes todo heredaron
y a Alonso del Castillo,
nuevo alcalde lo nombraron..
pero hermanastros del muerto,
Don Fadrique y don Fernando,
se metieron de por medio,
temas de sangre alegando.

Al final dictó sentencia
un buen juez republicano.
Pugnando clero y nobleza,
era el mejor indicado.
Los monjes perdieron Bornos,
pero a cambio recibieron
de don Fadrique ocho kilos
en billetes de diez euros.

José Bermúdez.


R 28 de marzo de 2008

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