domingo, 30 de marzo de 2014

Una murguista historia de Bornos. Pág. 10.

Se casaron y ambas casas
se unieron en Juan, su hijo,
con más denominaciones
que la rioja con sus vinos.
Bornos era, por lo tanto,
propiedad de alta nobleza,
mas ni aún así el obrero
levantaba la cabeza.

En mil seiscientos setenta,
según Pedro Mariscal,
las limosnas del obrero
una ermita alzarán.
Sita en la calle Calvario,
pues Calvario es su nombre,
y un calvario es lo que pasa
para mantenerse a flote.

Y llega el dieciocho
sin que se marchen los males.
Al concejal de salud
lo amenazan por las calles.
No obstante, nuevos cultivos
y alivio administrativo
hacen que el fondo local
se encuentre ya mejorcito.

Más ermitas se construyen,
ahora la caridad,
junto al castillo estaba,
donde esos pisos sin cal.
Presumir de otros aspectos
es verdad que no podemos,
pero de ser capillitas,
negarlo, un desacierto.

En el cincuenta y cinco
un maremoto en Cádiz
afectó incluso a Bornos,
y mira la distancia que hay.
Una ola a los Jerónimos
lo inundó por entero
y en la tienda de Juan Dunda
se ahogaron tres jilgueros.

Pero Bornos, con coraje,
a la superficie subió
y al pensamiento ilustrado
pronto se incorporó.
muestra de aquella época,
casas de Cilla y Ordóñez,
y aunque ésta se empezó,
completa no se conoce.


José Bermúdez

No hay comentarios: