miércoles, 13 de septiembre de 2017

Cartas Bornesas, 13º.

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Cartas Bornesas, Carta 13ª

Telesforo de Trueba y Cosío
Obra varia
Estudio preliminar: Salvador García Castañeda.
Servicio de Publicaciones, Universidad de Cantabria.
Santander Junio de 2001.
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Ya estoy de vuelta en este bendito, benéfico y sapientísimo pueblo, después de haber pasado en el camino un par de sustos que, por fortuna, se quedaron en sustos.

El primer susto fue entre la Isla y Puerto Real. A cierta distancia del portazgo encontramos cuatro hombres a caballo, cuyos semblantes y fachas no nos pronosticaban nada de bueno; sin embargo, pasaron adelante riéndose y dirigiéndonos algunas palabras que no pudimos entender. Esta cosa no dejó de sorprendernos, pero creció mucho más nuestra sorpresa cuando vimos más arriba dos calesas andando a un paso de caracol; nos acercamos, y los que venían en ellas, todos asustados, nos preguntaron si habíamos sido robados. Respondimos que no.


.-¿No han encontrado Vmds. a cuatro hombres a caballo de estas y estotras señas?


.-Sí.


.-Pues esos son los ladrones que ayer cometieron el robo escandaloso entre el Puerto y Jerez. Un mozo de un cortijo nos lo ha dicho y nosotros vamos con el mayor cuidado.


¡Sopla! ¡De buena nos hemos escapado! Sin duda están repletos con el botín de ayer y no han querido detenerse a desvalijar una calesa que no llevaba absolutamente nada. Con todo, aligeramos el paso y en todo el camino hasta el Puerto no dejábamos de ver un ladrón en cada hombre que se presentaba. ¡Válgame Dios! ¡Y cuántos malos juicios hicimos! 


Cuando llegamos al Puerto nos contaron en la posada que el día anterior, desde las tres de la tarde hasta las seis, habían estado robando y que ascendían a doscientas personas las que habían sido despojadas de lo que llevaban. Dormimos en el Puerto y el día siguiente a la madrugada proseguimos nuestro camino. El calesero que nos llevaba era precisamente uno de los que habían sido detenidos al llegar al teatro de la acción y no dejamos de sentir un tanto cuanto de pavura.

Decía el calesero que parecía aquel sitio una feria por los coches, calesas y animales de carga que había detenidos. Añadió que los ladrones no hicieron daño a nadie y que parecían gente desesperada por la miseria más bien que por depravidad de corazón. Nosotros en todo él camino estábamos esperando que nos salieran al encuentro. Llegamos a las Mesas, sitio muy critico, pero no tuvimos novedad.  Sólo nos quedaba el Salado, que es lo más temible de todo el camino. Nos acercamos, y hete aquí que se descuelgan de un cortijo dos hombres armados de estupendos garrotes. ¡Vaya! -dije yo- ya llegó el momento. Estos no son ladrones sino rateros pero, para el caso, es lo mismo. En efecto, mis dos hombres vinieron muy determinados a la calesa y se pusieron uno a cada lado de ella. Como veníamos ya prevenidos no nos cogió de golpe y nos quedamos muy serenos preguntándoles qué querían. Ellos, sin duda, se sobrecogieron de ver que nuestro mayordomo, que venia a caballo, puso mano a las pistolas, pues muy turbados pidieron una limosna. Se les dio y proseguimos para Bornos donde llegamos al medio día. Ya había llegado a los habitantes la noticia de la toma de Tarifa por los franceses, pues observamos sus semblantes más alegres que cuando salimos y nos miraban con cierto aire de satisfacción mezclada de desprecio. También nos dijeron que el vicario /estaba enteramente recobrado de su enfermedad.


Me voy a echar sobre la cama y en mi siguiente te daré cuenta de lo que ha pasado últimamente en este pueblo en mi ausencia y que mi hermano acaba de contarnos detalladamente.



3 comentarios:

Anónimo dijo...

cada dia me gusta mas este Telesforo. Parece como viviera en el Bornos actual

Anónimo dijo...

leyendo el final de la carta me estoy dando cuenta que el muy mamon de telesforo era un autentico pazante tambien

Anónimo dijo...

y el hermano tambien pazante