sábado, 7 de septiembre de 2013

Cartas Bornesas, 7ª.

Cartas Bornesas, Carta 7ª.
Telesforo de Trueba y Cosío
Obra varia
Estudio preliminar: Salvador García Castañeda.
Servicio de Publicaciones, Universidad de Cantabria.
Santander Junio de 2001.
Transcripción: M. Martel.


Te voy a contar una anécdota acerca del sr. vicario que me ha llenado de edificación. Amigo, me retracto de mis pasadas opiniones sobre este dignísimo varón y ahora veo que, no sin razón, ha merecido el aprecio, el respeto y casi la adoración de los borneses.
Parece que son tres duros los que lleva por cada entierro, y que demuestra un celo extremado por los derechos de la iglesia. Sucedió que vino a morir un niño, hijo de un vecino tan sumamente pobre que no tenía sesenta reales para alimentar a vivos , cuanto más para enterrar muertos.
El infeliz metió a su hijo debajo de la capa y una noche, cuando todo yacía en silencio, se dirigió hacia la triste morada de la muerte. Escarpó (sic) las paredes del horrible cementerio (el de Bornos) y, ayudado de las lóbregas tinieblas de la noche, consignó los amados restos de su hijo a la madre común la tierra. Concluído este acto piadoso, el hombre se dirigió a su casa, en la firme inteligencia que estaba engolfado en la sima del secreto.
El hombre contaba sin la huéspeda, pues un vecino le había seguido los pasos y con un celo verdaderamente apostólico, habia corrido a dar el soplo. Al día siguiente, el vicario llamó al desdichado padre y después de haberle reprendido su acción en los términos más ásperos por haber intentado defraudar a la iglesia de sus derechos sagrados, exigió el dinero como si el entierro se hubiera verdaderamente efectuado. ¡Quién no admirará este rasgo heroico de caridad cristiana!
No ha sido menos ejemplar la conducta de otro cura que pasó de Jerez a este pueblo y que tiene fama de ser un grande predicador y un sujeto de de la mayor honradez y caridad.
De todo esto he tenido ocasión de cerciorarme por mí mismo y de confesar que sus méritos excedían, si cabe, a su reputación. En efecto, nos predicó un sermón capaz de convertir a las piedras.En él sacó a colada la caridad cristiana y la inquisición, los diezmos y Jesucristo, la grandeza y bondad del rey nuestro señor y la maldad de los franceses, los albigenses y los masones.
Hizo un elogio desmedido de sto. Domingo, fundador de la inquisición y acérrimo perseguidor de los albigenses, a quienes caracterizaba de monstruos abortados del infierno que tenían las mismas miras que los modernos liberales. Yo no trataré de mentirle en nada , por no hacer excepción a la regla entre los espectadores, pues todos quedaron muy convencidos de los argumentos del cura, salían de la iglesia alabando su piquito de oro. Este mismo sacerdote llevó a cabo una hazaña arriesgada que en otra patria le hubiera merecido una severa reprimenda y que en Bornos le valió muchisimos elogios.
Pues, señor, a este bendito le precisaba volver a Jerez, y con este objeto tenía tres o cuatro soldados de escolta a sus órdenes. Quiso señalar su salida de Bornos con una acción gloriosa y añadir a los laureles del orador la palma del guerrero. Por desgracia, se apareció por Bornos un calesero de Jerez que tenía la nota de ser un liberal exaltado. El magnánimo cura, que le conocía, así que le atisbó, no balanceó (sic) en poner en ejecución su plan. Mandó pues sus mirmidores que se apoderaran de aquel malvado y, al mismo tiempo mandó recado al sr. alcalde que se llevara consigo al pobre calesero. El alcalde, hombre recto, justo, humano y sobre todo, realista, no tuvo dificultad en acceder a su petición, pero hete aquí que se le presentó al buen cura un obstáculo que vencer que no había previsto, y era que su tía le afea su conducta, diciéndole que quién le metía a él a Don Quijote, que atendiese a su ministerio y que dejase la administración de la justicia a aquellos a los que le competía. El hombre quiso replicar, pero como la tía se negase absolutamente a salir de Bornos llevando en su compañia al calesero preso, tuvo que cambiar de plan, sin dejar por eso de seguir su primera intención.
Con este fín mandó un segundo recado al alcalde diciendo que motivos imprevistos le obligaban a abandonar la idea de llevarse consigo al calesero liberal, pero que ésto no quitaba que él (el alcalde) le pusiera en la cárcel hasta que se dispusiese otra cosa.
¿Que te parece que hizo el alcalde? ¡Toma! lo que debía hacer, encerrar al calesero en una lóbrega prisión. Vamos, confesemos ahora la buena fe, ¿no es esto una delicia? ¿No sería la mayor fortuna que estos casos se repitieran a menudo para que el clero fuese tomando tal incremento en su poder que llegase en fin a mandar, única y despóticamente, en España? Entonces, amigo, tendríamos la dulce esperanza de que volverían a renacer aquellos felices tiempos de la edad media, cuando los papas eran dueños de los cetros y todo cura se creía con derecho a hacer su regalado gusto sin que poder ni ley alguna pudiera entrometerse con él por depender sólo de su jefe el papa. ¡O tempra! ¡O mores! ¡Oh tiempo de los moros! Amigo, si no te gusta la traducción, haz tú otra mejor y substituye a la palabra moros la que más te agrade entre brutos y borneses.



19 de octubre de 2008

4 comentarios:

Anónimo dijo...

"Transcripción", ¿Es que están publicadas en castellano?

http://www.wordreference.com/definicion/transcribir

Bornichos dijo...

Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua:

Trnascribir.
(Del lat. transcribĕre).


1. tr. copiar (‖ escribir en una parte lo escrito en otra).

Anónimo dijo...

¿Me podrían ayudar por favor?. No encuentro en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, la palabra: "bornesa".

Gracias.

Anónimo dijo...

¿Cómo la vas a encontrar si no viene? Se la inventó Telesforo como otras tantas cosas.