lunes, 9 de junio de 2014

Voces de gañanía

Voces de gañanía

Hoy, una vez más me asomo al portal de Bornichos por el Mundo para exponer el siguiente artículo que puede constituir un buen o mal recuerdo para muchos que vivieron las duras épocas de las gañanías, y una información para otros tantos que tuvieron la suerte de no vivirla.

Era la gañanía la dependencia de un cortijo destinada a morada de los gañanes, siendo éstos aquéllos trabajadores del campo que a la salida del sol uncían un par de mulas a las que enganchaban un arado o una giratoria ( vertedera ), y surco tras surco, arreando de vez en cuando a la " golondrina o pelegrina ", nombres muy comunes en estos equinos, y soltando de vez en cuando algún cante, permanecían en su labor hasta la puesta del mismo.

La comida diaria del gañán era generalmente dos guisos de garbanzos, sí, dos potajes cada día tantos días como tiene el año, uno al mediodía y otro antes de anochecer, cocinados al calor de un fuego de paja de garbanzos que se hacía en un bidón preparado para ello. El guiso, normalmente no contenía más aditivos que los condimentos necesarios y aceite , salvo que el colectivo, que era quien pagaba el " costo " a prorrateo acordara incluir tocino. Cabe destacar que en algunos cortijos se servía un gazpacho a media mañana, el cual era llevado al tajo por el gazpachero, persona encargada de proveer el agua y demás provisiones a las diferentes cuadrillas de trabajadores/ras del latifundio. Después de la comida del mediodía y la cena, cada uno a modo de postre comía un poco de tocino salado o morcilla.

El referido " manjar " se servía en lebrillos de barro, recipiente que se colocaba encima de una base de forma cilíndrica de unos noventa centímetros de altura, construída en mampostería para tal efecto, alrededor del cual se colocaban siete, ocho y hasta diez hombres, cumpliéndose la regla de " cucharada y paso atrás ".

Después de la cena, que se servía a la hora del crepúsculo comenzaban las bromas y juegos entre los más jóvenes: echar un pulso, desafío en levantar peso, subirse al pajar o apostar por quien comía más garbanzos de los que habían sobrado. Poco tardaban los más viejos en quitarse las botas o alpargatas y con la poca luz del candil dejar caer su cuerpo cansado sobre el colchón de paja ya molida. También los más jóvenes poco a poco iban haciendo lo mismo.
No tardaba mucho en sonar la " música pedorréica ", a lo que alguno contestaba diciendo, " esas tenían que ser las campanas de tu muerte ". Otro preguntaba a algún amigo:
.
Manolo, si a ti un perro te mordiera y otro por culo te diera
¿A cuál de los dos echarías el pan ?.

Yo, contestaba Manolo, a los dos los ahorcaba y a ti
por culo te daba. Así continuaban las réplicas y
contra réplicas.

Antoñillo, si tú vieras en tu culo un avispero, tu
casa ardiendo y tu mujer con otro jodiendo
¿A dónde acudirías primero ?.

No tardaba mucho en aparecer el silencio, en el que de vez en cuando se oían los ronquidos, algunos "cajetazos" y algunos balbuceos de sueños en voz alta.

Por la mañana, cuando el lucero del alba o matagañanes como normalmente se llamaba aparecía por el oeste anunciando un nuevo día, alguien, cual cuarto imaginaria despertando a la compañía solía decir:

Levántate malechao, ladrón de la nación, cuelga la azaura
en una estaca, que al hombre pobre la cama se lo come y
el que mucho duerme pa cabrón camina.
.
Entonces volaba alguna bota y alpargata buscando al autor de tan repentino discurso.

Y así, nuevamente se volvía a repetir el mismo ciclo, Manuel, o Antonio, Paco o José uncían otra vez a la golondrina y la calandria, con sus cantes y sus bromas, y pensando en que ya hacía una semana o tál vez diez o quince días que no habían ido a sus casas a ver a su familia y cambiarse de ropa.

Esto es en síntesis una pequeña y triste historia de la España Profunda, la historia de unos hombres que por un jornal de apenas cinco duros por día trabajado se dejaban la piel y los huesos detrás de una giratoria y una yunta de mulos.

A cuantos vivieron la época, enhorabuena por haber llegado hasta aquí, a los que no lo hicieron, enhorabuena igualmente por haberse librado del "yugo "de las mulas calandria y golondrina.

Con mis mejores saludos para todos los bornichos/as.

Desde Gerona, Juan Cabrera para " bornichos por el mundo "


R 9 de junio de 2008

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Juan, yo creo que no te conozco, sólo por curiosidad, estas historias te las ha contado alguien, o las has vivido tu directamente?? Este tipo de textos tambien deberían formar parte de la lectura obligatoria de muchos de nuestros jóvenes, para cuando se quejen, que sepan hacerlo con motivos.
Andrés Ramírez Blanco

Manuel dijo...

Hola Andrés: Seguro que por tu edad no debes conocerlo.Yo puedo asegurarte que no se ha inventado absolutamente nada, era una historia real monótona y triste pero que hizo a nuestros hombres más fuertes para que los jóvenes de vuestra generación no tuvierais que pasar por ello.
Aprovecho tu comentario para enviar dos saludos: Uno a Cabrera de quien estoy más cerca y otro a tu familia que creo está emparentada con la mia, pues mi esposa es Isabel Blanco.
Un abrazo ambos.
Desde Caella.Manolo Arias.

Anónimo dijo...

Hola Manolo, a la espera de que Juan Cabrera nos de su visión de los hechos como protagonista narrador, te digo que en mi familia se habla mucho de "Manolito Arias", tu sabes como somos en los pueblos, ya me informaré, porque no se si se refieren a ti o algún familiar directo tuyo. Yo nací en el 78 y por suerte o por desgracia tambien he vivido en contacto directo con el trabajo duro del campo. Además mi tio abuelo me contaba muchos trucos de como arar con bestias, él si era un experto en ese tema, te estoy hablando de Manolo "el Blanquito". Recibid un saludo bornicho, y me parece que somos otros Blancos, me parece, ehh.

Anónimo dijo...

Puntualizando al amigo Andrés:
Efectivamente el Manolito Arias que has debido oir a tu abuela Anita y a tu madre, es mi padre que aún vive.
Yo soy su hijo mayor.
La familia Blanco es la misma, dado que mi esposa es hija de José Maria Blanco, tio de tu abuelo Andrés y del tio Manolo.
Un cordial saludo.

Anónimo dijo...

Hola Manolo: Esto es lo curioso del Blog, que conoces a paisanos lejanos y familiares desconocidos, pues con tus datos no tengo que asesorarme, ya estás tú suficientemente informado. De hecho ahora que lo dices, tambien se colgó en el Blog una publicación sobre el padre de tu mujer (que por cierto se llama como mi madre), La Dama de Blanco, creo recordar, una historia estremecedora. Pues, Un cordial saludo a los dos, que os vaya bien allá donde esteis y que vengais a menudo a reponer fuerzas a la metrópolis. ARB