martes, 24 de mayo de 2016

Padres Coraje: Tanto monta, monta tanto.



La vida, que es más bella de lo que nos parece, en cualquier momento se nos presenta con pasajes dignos de mención, pasajes que nos aportan un ejemplo a seguir. Cuanto más crudas son las circunstancias, antes aparecen esos personajes sencillos encarando la vida con tal coraje que se convierten en héroes. Y, lo mejor, sin que ellos mismos perciban dicho heroísmo, pues lo que prevalece es el sentido paternal y el responsable.

Me refiero al caso excepcional de unos padres: Juan Iglesias y Estrella Castro, con los que me unen un cierto parentesco (ni es político él ni cantante ella, a pesar de los apellidos). Pertenecen a familias de oficios ancestrales:  el cultivo de la tierra y el cuidado familiar. Pues bien, el destino une la vida de estas dos personas y Dios les da dos hijos varones. Hasta aquí todo normal, de no ser por las circunstancias que concurren posteriormente.

Estos padres, que carecen de puestos de trabajo estables, se ven en la necesidad de atender la crianza y educación de sus hijos venciendo todas las dificultades económicas de una familia. No obstante, son en estos momentos cuando se crecen para sortear las dificultades. El primer hijo, que ya apuntaba una inteligencia privilegiada, hay que cuidarlo y cultivarlo docentemente a costa de lo que haga falta, pues no se podía desaprovechar lo que era público y notorio. El hijo segundo nace con una enfermedad irreversible que le imposibilita un desarrollo físico normal; necesita cuidados especiales que, además del puramente sanitario, sólo pueden realizarlos sus padres y su hermano mayor.

Como es lógico, todos estos miembros familiares tienen que simultanear el trabajo y el estudio del día a día con los cuidados especiales del benjamín, y así lo hacen. La madre dedica la mayor parte de la jornada al cuidado de enfermos, discapacitados y ancianos. El padre comparte su tiempo de trabajo cultivando su huerta con el cuidado del pequeño y sus constantes traslados en su sillita de ruedas o en vehículo especial. Tanto el hijo mayor como el menor nunca han visto mermadas sus necesidades de estudios, alimentación, ocio y vida familiar. Una vida modesta, sacrificada y de una entrega total. ¿Hay quien dé más?
Pues así se ha llegado al día de hoy. El hermano mayor ha magnificado sus estudios y ha compartido el cuidado de su hermano menor, ayudando de esta forma a sus padres. El segundo, el más pequeño, con sus 23 añitos ha entregado su alma a Dios tras una neumonía que no pudo superar. Ya goza de la vida eterna.

A sus padres y hermano, que han pasado los días más amargos de sus vidas con este trance doloroso, les compensará Dios con su recuerdo. Un vivo ejemplo de dignidad, responsabilidad y coraje.  Un abrazo a los tres.

Antonio Gutiérrez Benítez  


Bornos, mayo de 2016

No hay comentarios: