jueves, 26 de marzo de 2015

Bornos, su antigüedad, su nombre, su historia (XXIV)

BORNOS
SU ANTIGÜEDAD, SU NOMBRE, SU HISTORIA (XXIV)
 
San Juan de Ribera
                     Decíamos que la doctrina protestante había invadido toda Europa y los próceres de la divulgación del protestantismo lo hacían, en principio, solapadamente por temor a la Inquisición, pero no cabía duda que estaba haciendo estragos, sobre todo en gente principal.
            El caso del Licenciado Masó, de cuyas enseñanzas se libró Don Juan, fue uno de los cuatro licenciados que pretendieron tener a su cargo su formación.
            Su padre lo hizo trasladar a Sevilla, para, desde allí, seguir hasta Padua (Italia) acompañado del licenciado Ruiz, hombre que se había formado en Padua precisamente, y que venía precedido de gran fama para encargarse de la docencia de Don Juan.
            Pero ocurrió que Don Juan de ninguna forma quería dejar Salamanca , y menos aún, para estudiar en Padua, conocedor como era de los magníficos profesores que había tenido.  Al fin Don Perafán cedió y Don Juan tiene que volver a Salamanca, eso sí, iría acompañado de su nuevo preceptor  el licenciado Ruiz.
            Pero poco antes de iniciar el viaje se descubrió que el tal  doctor Ruiz era gran hereje luterano, por lo que cayó en las manos de la Inquisición y castigado rigurosamente.
            España seguía cada vez más inmersa en la doctrina protestante, a pesar de la labor realizada por la Inquisición, motivo por el que Don Juan se vio otra vez implicado, por culpa de otro licenciado, llamado Antonio de Córdoba, que entregó en Salamanca unos panfleto de la doctrina protestante a tres estudiantes: Don Juan de Ribera, Don Juan de León y Sebastián Pérez, durante el curso de 1555, pero, sin saber porqué, Don Juan tal como le dieron las copias, en su habitación las rompió e hizo caso omiso a su contenido, que era totalmente contrario a las enseñanzas de la Iglesia Católica.
            El   último contacto que tuvo Don Juan de Ribera con personajes importantes de la enseñanza fue con el doctor Constantino, que acababa de llegar de la guerra entre España e Inglaterra. Su padre también se lo recomendó por ser persona muy sabia en Sagradas Escrituras.
            Pero, igualmente, sin saber porqué, Don Juan no le dio pie a que hablase con él y no hizo caso a la insistencia de su padre. Al poco tiempo, el tal Constantino fue descubierto y comprobado que era un gran hereje del protestantismo. Cayó en manos del Santo Oficio y murió en la hoguera.
            Sigue sus estudios en Salamanca y al final de los mismos fue ordenado presbítero (sacerdote) en 1560. Su fama de sacerdote ejemplar fue creciendo y en 1562, con 35 años fue ordenado Obispo de Badajoz.
            En este momento de su vida, manda llamar a su buen amigo de Bornos y sacerdote Don Feliciano de Figueroa y Mendoza, que queda ya a su lado como secretario, hasta que también fue nombrado Obispo de Segorbe en 1599.
            Hacemos un inciso para recordar que Feliciano de Figueroa, nació en Bornos en la Plaza de la Iglesia en la casa hoy conocida como de Los Alemanes, esquina calle San Sebastián, donde en la fachada figura el escudo de armas de la familia. Era hijo de Lorenzo de Figueroa que fue Alcalde de Bornos en el año 1535.
            Y volviendo a Don Juan de Ribera, en 1569, con 35 años fue nombrado Arzobispo de Valencia y Patriarca de Antioquia por el Papa Pio V, donde se incorporó acompañado de su inseparable secretario Dr. Don Feliciano Figueroa.
            En este tiempo había un gran problema en España creado por los moriscos de Valencia, Castellón y Granada.
            Recordemos que cuando los Reyes Católicos terminan la Reconquista de España con  la toma de Granada la gran mayoría de los moros se marchan a África tras su Rey, sin reino, Boabdil.
            De todas formas, después de 781 años de vivir en una tierra, que para ellos era de su propiedad, los Reyes Católicos permiten que los moros de buena voluntad que quisieran quedarse en sus viviendas podían hacerlo, pero con una condición: "Tenían que convertirse a la religión católica"
            Efectivamente fueron muchos los moros, a partir de de ese momento  llamados "moriscos", que se quedaron, ubicándose en varios núcleos en la Península, de los cuales los tres más importantes fueron Granada, Valencia y Castellón, aunque, en realidad, en pequeñas entidades los había en todo el país
            Pero no iba a ser la cosa tan fácil como creyeron los Católicos Monarcas.
            Sí se quedaron en sus respectivos domicilios, pero intentando, por todos los medios, eludir la obligación de convertirse al catolicismo.
            El Rey Felipe III, encarga a nuestro Arzobispo Don Juan de Ribera, ya Virrey de Cataluña, que procurase la conversión de los moriscos y, en caso de no conseguirlo, que los expulsase del Territorio Nacional.
            No era baladí la cuestión y después de mucho pensarlo, Don Juan de Ribera inicia un movimiento a gran escala para conseguir la conversión de los infieles y librarlos así del abandono del territorio.
            En toda la zona valenciana construyo gran número de iglesias y envió sacerdotes para que, al frente de ellas pudiesen comenzar la labor de evangelización. Los moriscos muy reticentes, comenzaron, de cara a la galería, a asistir a las enseñanzas y admitieron la conversión, pero en realidad era sólo teatro, porque siguieron con sus prácticas mahometanas, cosa que lógicamente no pasó desapercibida a los sacerdotes que lo comunicaron rápidamente al Patriarca.
            Don Juan se traslada a la reserva donde estaban los moriscos y él mismo comienza una catequesis masiva ayudado por los sacerdotes para bautizar a los infieles.
            Parecía haber hecho una gran labor, dejó instrucciones a los sacerdotes y volvió a Valencia.
            Los moriscos, al poco tiempo abjuraron del bautismo y siguieron con sus práctica religiosas. En muchas ocasiones arremetieron contra los sacerdotes y quemaron algunas iglesias.
            Don Juan, en vista de los resultados, lo comunica al Rey que, sin dudarlo, ordena en toda España la expulsión de los moriscos, que inmediatamente comenzaron a ser deportados en grupos a África.
            Gran pesar causó a Don Juan de Ribera la orden del Rey, pero, no pudo hacer nada por remediarlo.
            A partir de estos acontecimientos, el Arzobispo, conmovido por ese problema, se retiró a vivir, casi permanentemente, a una humilde habitación en el Colegio Seminario que él construyó a sus expensas. Dejó el lujo y comodidades del Palacio Arzobispal, al que acudió en pocas ocasiones y prefirió llevar una vida de asceta hasta el final de sus días, que intuía cercanos, de dicando su vida a prepararse a bien morir.
            Por lo que dicen sus biógrafos fue súbitamente invadido por lo que ahora podría diagnosticarse como una neumonía aguda, enfermedad muy frecuente en esta zona de España por sus intensos fríos.
            Avisaron a su confesor, el padre Escrivá, y le fueron administrados los últimos auxilios espirituales. Al poco tiempo también le administraron el Santo Viático. Seguidamente torció un poco la boca, alargó la mano y besando la cruz entregó su alma al Creador .
            Eran las tres y cuarto de la mañana del día de Reyes de 1611.
            RECUERDO PARA BORNOS
            Siendo Arzobispo de Valencia, nuestro Don Juan de Ribera ordenó pintar tres lienzos con la imagen conocida como Virgen de la Rosa. Los tres fueron enviados a las siguientes localidades: El primero quedó en la Catedral de Valencia, el segundo a la Catedral de Badajoz de donde fue Obispo y el tercero a su recordado pueblo de Bornos.
            Este cuadro, de grandes dimensiones, está perfectamente restaurado y tiene su sitio en la Capilla existente junto al Despacho Parroquial en la que se venera otra pintura de extraordinario valor que representa "El Enterramiento de Jesús" , restaurado con gran acierto recientemente.
            Existe otro cuadro con la imagen todavía de Don Juan de Ribera, Arzobispo, que se encuentra en el Despacho Parroquial, junto a otro  de su padre Don Perafán, que hemos publicado en este trabajo.

A. RODRÍGUEZ HIDALGO


           
           
           


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