martes, 17 de marzo de 2015

Bornos, su antigüedad, su nombre, su historia (XV)

BORNOS
SU ANTIGÜEDAD, SU NOMBRE, SU HISTORIA(XV)
MUERTE DE DON FRANCISCO Y PROBLEMAS CON LA HERENCIA.
         No se había cumplido dos años de tan importante acontecimiento, relatado en el capítulo anterior, cuando murió Doña Leonor Ponce de León, en el lugar de La Torre de Alháquime, el 15 de Agosto de 1507, donde había sido trasladada, para recuperarse de algún mal que había contraído.
            Don Francisco la hizo traer a Bornos y ordenó su enterramiento en el claustro común de los monjes.
            Después de este suceso, Don Francisco hizo su vida en unas dependencias del Monasterio, junto a los monjes, donde trasladó sus documentos  más importantes.
            Pero tampoco disfrutó mucho el Adelantado de su Monasterio porque, a menos de dos años de la muerte de su esposa, falleció el 8 de Febrero de 1509. Su enterramiento tuvo lugar junto a ella.
            Su inesperada muerte fue un duro golpe para el Monasterio que, según creyeron los monjes en los primeros momentos, habían perdido un mecenas extraordinariamente magnánimo. No fue así. Pero veamos cómo ocurrió la muerte de Don Francisco.
            A primeros de Febrero del año de su fallecimiento el Adelantado se encontraba en su Villa de Alcalá de los Gazules, donde se había trasladado para resolver asuntos pendientes de su hacienda.
            Cayó enfermo y rápidamente mandó llamar al Padre Vicario y al Procurador del Monasterio. Cuando éstos iban de camino vieron que se acercaba un grupo de personas. Eran criados de Don Francisco, que había fallecido, y transportaban su cuerpo para que fuese sepultado junto a su esposa, según tenía mandado, ceremonial que se llevó a cabo a las 10:00 horas del 9 de Febrero de 1509.
            Seguidamente el padre Vicario y el Procurador abrieron un cofre que  el Adelantado tenía depositado en la celda del Prior, en ausencia de éste, que se encontraba confirmando en Granada, con el fin de conocer sus últimas voluntades. En él hallaron su testamento y, junto con éste, los títulos de su Mayorazgo y Estados.
            Los monjes pudieron comprobar que el Monasterio había recibido en herencia la Villa de Bornos, con todos sus términos, fortaleza y jurisdicción civil y criminal.
            La toma de posesión de la herencia se llevó a cabo en presencia de los Alcaides de Bornos, el Escribano y el Alcaide de la fortaleza, Mayordomo de Don Francisco, Alonso del Castillo.         Con este acto Bornos salía del linaje de los Enríquez de Ribera, pero no por mucho tiempo, y, al mismo tiempo, comenzaron los problemas y desventuras que este testamento acarrearía al Monasterio de San Jerónimos de Bornos.
            Efectivamente, nada más conocerse la noticia en Sevilla, los dos hermanastros de Don Francisco, Don Fadrique y Don Fernando, no estuvieron conformes con el testamento del Adelantado, así que se pusieron al frente de un reducido número de soldados de caballería y emprendieron el camino hacia Bornos, situándose a las puertas de la fortaleza.

            Seguidamente conminaron al Alcaide a que la entregase, a lo que se negó, por creer que era su obligación defender los bienes que había recibido de sus legítimos propietarios. Pero el Alcaide disponía de muy poca defensa ante un adversario tan poderoso, por lo que no tuvo más remedio que entregarla.
            Destituyeron al Alcaide Alonso del Castillo y nombraron en su lugar a Leonís de Ribera, que también era Alcaide de Espera.
            De esta forma violenta Bornos, con todo su término y cuantas posesiones poseía, unas heredadas  y otras  adquiridas por el Adelantado, pasaron a manos de Don Fadrique Enríquez de Ribera, como sucesor de Don Francisco en el linaje de la Casa.
            Pero claro, el Prior de los Jerónimos y toda la Comunidad no podían conformarse con este atropello de Don Fadrique y, sin pérdida de tiempo, denuncian este atropello al Rey Don Fernando El Católico. Éste  envía a una persona de su confianza, el doctor De la Gama para arreglar el asunto. Pero el ya Adelantado de Andalucía Don Fadrique se las ingenia para que volviera al Rey sin haber arreglado absolutamente nada.
            Pero Don Fadrique sabía que algo tenía que hacer ante tamaña ilegalidad, a fin de evitar que un mandamiento Real diera la razón a los monjes.
D. Francisco Enríquez de Ribera. enterramiento
            Así que promueve una reunión en el Monasterio de La Cartuja de Jerez de la Frontera, a la que asistieron, además de Don Fadrique, el Prior de los Jerónimos de Bornos Fray Juan Aguirre y, como árbitro, el Prior de la Cartuja. En esta reunión se acuerda que Don Fadrique pagaría al Monasterio de Bornos por todo lo dispuesto en el testamento de Don Francisco "ocho cuentos y medio de maravedises", equivalentes a 21.000 ducados (una cantidad enorme de dinero) que Don Fadrique pagaría a lo largo de seis años y a partir de 1510.
Doña Leonor Ponce de León. Enterramiento
            Por otra parte el Monasterio se obligó a pagar las deudas del Fundador y a terminar el Convento de Santo Domingo de Alcalá de los Gazules y la Iglesia de San Mateo de Tarifa.
            Con este acuerdo terminó el enojoso asunto, volviendo las relaciones del Monasterio con la Casa de los Enríquez de Ribera a un buen entendimiento.
            En cuanto al enterramiento del cuerpo de Don Francisco Enríquez de Ribera lo fue en el mismo lugar donde ya había sido sepultada su esposa, en el claustro principal del Monasterio.
            Sin embargo los restos del matrimonio tuvieron otros asentamientos.
             Con motivo de la desamortización de Mendizábal, en tiempo de la reina Isabel II, el Monasterio de San Jerónimo pasó a ser propiedad del Estado, por lo que todo el mobiliario del cenobio se distribuyó entre otros monasterios que sobrevivieron a esta medida y la Parroquia de Bornos.
            Lógicamente los monjes no podían dejar los restos del Adelantado y su esposa por lo que fueron depositados en la pequeña capilla del Monasterio de Clarisas, a la izquierda del presbiterio, prácticamente debajo del púlpito, donde se situaron hasta el verano de 1975, fecha en que comenzó la restauración total del edificio, patrocinado por la entonces Caja de Ahorros de Jerez.
            Se retiraron las lápidas funerarias y, de los huecos que dejaron se sacaron dos urnas metálica de unas medidas aproximadas de 40 x 20 x 20. Se abrieron y sólo aparecieron unos pequeños huesos y gran parte de polvo oscuro.
            En las obras de restauración se dedicó un espacio adecuado para una pequeña capilla, donde se colocaron los restos de Don Francisco y Doña Leonor y se sellaron con las mismas lápidas. En el centro del suelo de la capilla también fueron enterrados todos los restos de las monjas que fallecieron durante toda la vida del edificio como Monasterio.
            Posteriormente el Claustro de profesores del Instituto de Formación Profesional que se ubicó en el edificio, creyó conveniente utilizar esta capilla como biblioteca y así continúa hasta esta fecha.
            Para nuestro modo de ver estos restos deberían estar en lugar sagrado, en una de las tres iglesias que existen en nuestro pueblo. Sería posible si una Comisión, con un proyecto razonado, lo pidiera a la autoridad eclesiástica actual.

A. RODRÍGUEZ HIDALGO (CONTINUARÁ)
           


            

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