domingo, 15 de marzo de 2015

Bornos, su antigüedad, su nombre, su historia (XIII)

BORNOS
 SU ANTIGÜEDAD, SU NOMBRE, SU HISTORIA (XIII)
PERSONAJES DE LA CASA DUCAL MÁS UNIDOS A BORNOS
            La Historia de Bornos no estaría completa sin que diéramos a conocer la vida y obras de algunos de sus personajes, con sus luces y sus sombras, pero que influyeron notablemente en el devenir de la vida cotidiana de nuestro pueblo. Y comenzaremos por la Casa de los Enríquez, puesto que los anteriores señores, miembro, de la Casa de los Ribera, todos estuvieron pendientes de la finalización de la campaña contra los moros.
            Así pues, como hemos dejado constancia en el capítulo anterior, Don Pedro Enríquez casa con la primera titular de los Ribera, Doña Beatriz, de cuyo matrimonio nació su hijo primogénito Don Francisco Enríquez de Ribera. A la muerte de Doña Beatriz, Don Pedro casa nuevamente, esta vez con su cuñada Doña Catalina de Ribera, de cuyo matrimonio nacieron Don Fadrique y Don Fernando Enríquez de Ribera.
            Nos ocuparemos ya de la historia de cada uno de estos personajes, comenzando por el primero:
DON FRANCISCO ENRÍQUEZ DE RIBERA.
            "Héroe cristiano", como lo llama Fray Pedro Mariscal, fue el IV Adelantado y Notario Mayor de Andalucía, Señor de Tarifa, Alcalá de los Gazules, Cañete la Real, Bornos, Espera y algunos pueblos más. Según las crónicas de la época fue un militar valeroso que acompañó a su padre en las luchas contra los moros. Don Francisco se casa en 1480, a los 19 años, con Doña Leonor Ponce de León, hija del famoso Marqués de Cádiz, Don Rodrigo Ponce de León. Hay autores que dicen que, con este matrimonio, el Ponce de León pretendía tener de su parte al heredero de la Casa de los Enríquez de Ribera, contra el Duque de Medina Sidonia.
            En estos tiempos todavía estaba muy ocupado en la guerra contra los moros. En 1482 estuvo a punto de caer prisionero  en el cerco de Alhama de Granada.
            Prestó a los Reyes Católicos, para la guerra contra los moros, "medio cuenco de maravedíses", una gran suma de dinero que luego perdonó a la reina Isabel en testamento.
            Por esta fecha sucedió un hecho en la vida de Don Francisco que ya lo marcó hasta su muerte. Tenía la enfermedad de la lepra desde hacía treinta años y en el año 1500 le ocurre un hecho trascendental: se produce la sanación de la terrible enfermedad que él atribuyó a un milagro.

Iglesia de Sa Julián de Sevilla.
            Esta enfermedad le hizo llevar una vida de sufrimientos, dolor y frustración durante tantos años, que pudo soportar gracias a su religiosidad y su esperanza en Dios. Además de sus plegarias y encomiendas. Es llevado a la capilla de Nuestra Señora de la Inhiesta en la Iglesia de San Julián de Sevilla, donde permanece durante treinta días en ayuno de pan y agua. El Adelantado, durante este tiempo, tuvo una cama en un amplio nicho abierto en la pared, dentro de la capilla. Al cabo de los treinta días, nos relata el padre Pedro Beltrán (no confundir con Fray Pedro Mariscal), despierta sano, alegre, fuerte y bello. Y con este motivo relata el acontecimiento en un pequeño poema en versos:


Cuando el generoso enfermo dichosamente despierta
sano, alegre, fuerte y bello,
pasmo de naturaleza. Milagrosamente fácil
los ágiles miembros juega, y entre las olandas mira
la piel asquerosa embuelta. Despegose de las carnes la    
espantosa costra negra y quedó el cuerpo de mármol cual sierpe que se renueva
           
            En agradecimiento a la milagrosa curación, el Adelantado instituye ocho capellanías perpetuas de 10.000 maravedíes cada una, en la Capilla de Nuestra Señora de la Inhiesta, de la Parroquia de San Julián de Sevilla.
            A partir de este momento aumentó, si cabe, su religiosidad, ejerciendo el bien para muchas instituciones religiosas y, a través de ellas, a muchísimas personas a las que socorría con alimentos y dinero.
            Se retiró a su fortaleza de Bornos, de donde ya no salió, dedicándose a sus buenas obras y a asuntos de mayor importancia como veremos en el siguiente capítulo.

A. RODRÍGUEZ HIDALGO (CONTINUARÁ)



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