lunes, 3 de noviembre de 2014

Conversación en el andén.

Conversación en el andén:

Aunque el calor y la energía  de un sol que abrasa,  continua cayendo sobre esta noble tierra, en Bornos, ya  es otoño.  

Me puedo considerar afortunado,  porque es la segunda vez éste año,  que visito mi tierra de origen.

He bajado la antigua cañada real, entre campos y huertas, hasta el límite que separa  los espacios pertenecientes al Lago y sus dominios.  


La Huerta Larga, semi-sumergida, me permite contemplar en silencio, una naturaleza, otrora viva y espléndida, cultivadas sus tierras, magnánimas en grano, saciadas por las aguas de fecundos manantiales, ataviadas sus huertas con frutos multicolores, aromatizadas por el néctar del damasco, la suavidad de sus perales y la fortaleza de sus membrillos.
Caminos imaginarios, ayer  concurridos por la fuerza joven de nuestros mejores mozos, hoy en paro, labradores, hortelanos, yegüeros, cabreros y pastores, porqueros  y  boyeros de reses bravas, por los llanos de Tablilla, cuadrillas de segadores, recolectores de algodón y remolacha, mujeres cantarinas que desgranan maíz, cortijadas llenas de vida, tractores, cosechadoras y mecánicos, que  pululan por doquier creando riquezas y jornales.

Manadas de yeguas, mulos de ara, terneros de carne y vacas de leche, concitan el interés de nuestra hermosa feria de abril,  y transitan permanentemente  las coladas, dando vida a las poblaciones limítrofes, llegando incluso, hasta los confines  del Betis.

Desde la cúspide de nuestro antiguo molino, sueño en voz alta, mientras a lo lejos, sobre la antigua vía de un tren fantasma, contemplo el caminar cansino de una joven pareja, que, mochila al hombro, conversa  sobre Dios sabe qué, para acabar deteniéndose, pasada la estación, sobre los restos de un antiguo andén.
Hasta allí me ha empujado la  curiosidad de improvisado reportero, que grava en su cámara, el vuelo corto del pato rivereño, que asegura su estancia en un lago resumido, el manto verde de la hierba sobre el limo, estructuras pétreas de atarjeas y sifones,  la casa de mi niñez, los cimientos de la guarida de  León, mi mastín , mi amigo y guardián, que construyó mi padre, y hasta la periferia enmarcada de nuestra antigua estación y sus andenes, desguarnecidos y silentes entre plantas de caíllos *, que tal vez esperan madurar para revelarse pinchando , pues no les agrada su nuevo destino.  

Sobre el andén,  permanecen abrazados y absortos los dos enamorados, quienes a mi saludo contestan decididos: “… de aquí, de Bornos, somos, señor”.
Me he presentado, entonces, y les señalo el vetusto molino, para indicarles, que salvo el parto, allí se desarrolló mi crianza;  y en la estación, por los años 50 del pasado siglo, mis juegos se mezclaron con los moradores de entonces y les explico el fracasado intento del antiguo ferrocarril andaluz de la sierra y los momentos históricos de nuestra pérdida de colonias americanas que hicieron imposible su definitivo trazado.
Les ha encantado mi relato, que agradecen, y hacen referencia a su último hallazgo, unas monedas, datadas a finales del XVIII, encontradas no ha mucho, en aquellos parajes.
Repasamos juntos el antes y el ahora de nuestro Bornos,  y no parece haber distancias, tantas generaciones de por medio, en el desarrollo económico y en la vida diaria de los habitantes de uno y otro tiempo:  “Ya ve Vd. que mi mujer y yo tenemos poco más de 20 años, una criatura de 3 añitos, que va saliendo a flote, a duras penas, gracias a la ayuda del pueblo, no de las ayudas oficiales; vivimos casi de ocupas, mi padre está en paro hace 3 años y nosotros lo último que hemos tenido, han sido unos días de rebusca** y eso es todo. Vivimos condenados  a no tener derecho ni  al trabajo, esto si que es grande, porque Vd. , al menos, se quitó de en medio y algo mejor que aquí seguro que le habrá ido, digo yo,  no?”.
Me mantengo en silencio, sin saber qué decirles, mientras ellos, permanecen sentados  sobre el andén, la mirada perdida y la esperanza muerta.
He desandado mis pasos, lo he comentado en el pueblo, y comprobado que mis interlocutores de hace un rato, son conocidos por mis paisanos quienes a veces les socorren.
“ es una verdadera lástima…pero es que aquí no hay ná, y da mucha pena dejarlos vivir así”.
Hace cuatro años, en acto público, pronuncié unas palabras ante nuestra máxima autoridad municipal, en favor de nuestros jóvenes. “Acabad con la lacra del paro que azota a la juventud de nuestro pueblo y también a nuestra conciencia”. ¿Cayeron en saco roto?
Manolo Arias.



*planta que, seca, se adhiere a los calcetines. 
**Recogida del sobrante de la cosecha en tierra.

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