sábado, 5 de julio de 2014

Muerte en Primavera

MUERTE EN PRIMAVERA
El asesinato del Conde del Águila.
CAPÍTULO I.

La clave de su informe sobre la seda.

La ciudad de Sevilla en los primeros años del siglo XIX, conservaba su aspecto medieval, alzándose intacto el recinto amurallado almohade. Calles y plazas presentan un trazado que nos llevan a siglos pasados; arquillos y cruces de piedras nos hablan de un pasado devoto y milagrero. La Inquisición, el 20 de junio de 1803, celebró el que sería su último auto de fe en la Plaza de San Francisco, pero el preso sólo fue a presidio.

Casonas solariegas donde pasean su aburrimiento los Don Guidos de la época. Barrios populares donde en infectos corrales se amontona un pueblo alegre pero mísero; que pasa hambre con la serena dignidad que da el no haberse saciado jamás de comida. Es una ciudad Sevilla que vive sin saberlo, los últimos años del llamado Antiguo Régimen. Todo ello cambiará con la llamada guerra de la Independencia, a partir de la cual ya nada sería lo mismo. Pues bien, en esa Sevilla, tradicional y devota, brilló con luz propia su Procurador Mayor el Conde del Águila, que además ostentaba el cargo de director de una corporación de gran prestigio como es la Real Sociedad Económica Sevillana de Amigos del País, fundada por el Rey Carlos III en 1777. Por lo que de él sabemos, era hombre de carácter enérgico y de gran honestidad, pero al mismo tiempo tan rígido e inflexible que le movía a chocar contra todos y por el más mínimo de los motivos. Era hombre al parecer, poco diplomático, lo que en Sevilla se dice tener poca mano izquierda y ello le creó gran número de enemigos, incluso entre sus misma clase, la de la nobleza.

Buena prueba de lo anterior hemos de encontrarla en la actitud del Procurador Mayor en la sesión del municipio del día 15 de marzo de 1808, en la cual presentó su dimisión -la cual no le fue aceptada- pero dando como explicación que la política del gobierno vejaba a los dignos capitulares y al mismo municipio. Puede que tuviera razón, pero el tono y las palabras levantaron ampollas en el todopoderoso Consejo Supremo de Castilla, donde se crearía más de un enemigo.

Otro enfrentamiento del Procurador, esta vez con el estamento religioso, fue con motivo de la prohibición de enterramiento en iglesias y conventos en el interior de la ciudad, medida tomada por razones sanitarias, y que aumentó el número de enemigos de Ignacio de Espinosa. El belicoso Conde no descansaba, y su siguiente guerra fue contra los vendedores poco escrupulosos que campaban en los mercados. En esta ocasión, le trajo la enemistad mortal de un noble, el Conde de Tilly, enemistad que le resultaría fatal, como veremos al final de este relato.

Sin embargo, siempre creí, además -nos dice el autor, MANUEL MARQUEZ DE CASTRO- debió existir algún otro motivo de mayor gravedad y que fuera causa de su trágica suerte. De acuerdo con esta opinión, inicié una investigación -nos relata Márquez- en los archivos de la Real Sociedad Económica Sevillana, que dio inesperado y magnífico resultado. Durante el desempeño del cargo de director de la Sociedad, el Conde del Águila cometió
el más grave de sus errores y éste le conduciría a su muerte. Vayamos al asunto:

La industria de la fabricación de la seda era desde hacía siglos, una de las más prósperas de la ciudad y grande el número de telares existentes. Todavía en la actualidad, una calleja cercana a la abadía de San Clemente, lleva el nombre de Arte de la Seda y, en ella, tenían su sede los más renombrados fabricantes del tejido. Pero en los últimos treinta años del siglo XVIII, la decadencia de la industria de la seda constituyó una verdadera catástrofe, descendiendo notablemente el número de talleres. Ante ello, el Consejo Supremo de Castilla, por Real Orden de 23 de febrero de 1802, pidió a la Real Sociedad Económica que elaborase un informe sobre dicha industria y del plantío de la morera que como sabemos es alimento del gusano; que en el mismo informe se señalaran las causas de la decadencia del gremio y sus posibles soluciones.

El 4 de abril de 1807, la Económica elevó el pedido informe, el cual fue aprobado por la Junta de la misma y que presidía como ya hemos dicho el Conde del Águila.

Rebasaría los límites de este trabajo el análisis detallado del extenso informe. Por ello se extrae del mismo lo más importante para este relato sobre la muerte del Conde y sus posibles motivos.

En primer lugar, el informe se disculpa del largo tiempo transcurrido desde el encargo hasta su cumplimiento, es decir desde 1802 hasta 1807, y explica que ello ha sido motivado por la falta de colaboración de muchos de los organismos que debían facilitar sus datos para la elaboración del mismo. Seguidamente y para dar una idea de la decadencia del gremio e industria de la seda, establece como regla de comparación dos quinquenios. En el primero, años de 1780 a 1785, el valor total de la seda producida ascendió a 9.600.900 realas de vellón y, en cambio, en el segundo de 1795 a 1800, el valor total había descendido hasta 398.060, reales de vellón; es decir que en tan corto espacio de tiempo el valor cayó 24 veces. En cuanto a sus causas, a juicio de la Sociedad, eran las siguientes:

1ª.- Que la propiedad de las tierras de la provincia están en manos de un corto número de propietarios que explotan a los colonos.

2ª.- El impuesto del diezmo que se cobra dos veces, o sea, sobre la hoja de morera y sobre el capullo. Esta duplicidad fiscal fue reconocida como ilegal.

3ª.- La decadencia de las fábricas, causada por la introducción de seda del extranjero, en particular de Francia, sin que el gobierno español dictara leyes protectoras al respecto. La situación era más grave si se piensa que la exportación afectaba incluso a las colonias del Nuevo Mundo.


4ª.- La inclinación natural de los hortelanos de esta provincia a dedicar sus tierras a cultivos más rentables que la morera. Seguidamente se hace una comparación entre el número de propietarios que existen en tres regiones españolas, y que es la siguiente:


GALICIA.........................................................................................91.759

VALENCIA.....................................................................................25.706

SEVILLA........................................................................................ 5.309

Añádase a lo anterior el hecho de que la mayor parte del cobro de los tributos estaban arrendados a los contratistas particulares, los cuales atropellaban a los hortelanos en sus propias huertas, llevándose lo mejor de su producción. Por si fuera poco, habría que sumar los odiosos portazgos establecidos en las entradas de la capital, y que hasta fechas recientes no ha desaparecido
Para agravar la situación, una Real Orden de 17 de mayo de 1804 alzaba la prohibición que desde 1778, prohibía embarcar géneros de seda extranjeros sin hacerlo también con igual cantidad de seda nacional. Esta Orden fue el golpe de gracia para la industria y exportación de la seda Sevillana. Seguidamente se propuso como remedio a la situación de la industria las siguientes condiciones:

1ª.- La exención absoluta del diezmo y derechos reales por diez años, a todos los hortelano de la provincia que acrediten haber criado cuatro onzas de semillas.

2ª.-Idéntica exención del diezmo de la hoja y de la seda por 20 años a los que hicieran plantación de morera.

3ª.- Distribución cada año de cinco premios de 500 pesos al que criare mayor cantidad de seda en la provincia.

4ª.- Un premio de 1.000 pesos al que mayor plantación de morera lleve a cabo.

5ª.- Reparto gratuito de baldíos en la provincia a los que los soliciten para hacer plantaciones de morera.

6ª.- Restablecer la prosperidad de las fábricas de la única forma posible, es decir, anulando todos los impuestos sobre los artículos de primera necesidad que consuman los operarios, y retirando la permisividad de poder embarcar a América género de seda extranjera sin igual de nacionales, según lo dispuesto por el Reglamento de 12 de octubre de 1778. Se continua diciendo que lamenta no poder dar los premios que solicita, cosa que haría por su cuenta si tuviera fondos para ello. Termina el informe diciendo textualmente:
Tal es Señor, el resultado de las profundas meditaciones de la Sociedad en esta materia, después de haber presentado sus ideas relativas a ellas con la noble confianza que es propia de su Instituto, desea tener la gloria de cooperar con V.A. al restablecimiento del plantío de moreras y fábricas de seda en la provincia de Sevilla. Dios guarde a V.A. muchos años.
Sevilla, 4 de abril de 1807.

El Conde del Águila, director. Don Joaquín de Iriarte, Secretario.


Hasta aquí, y visto su informe sobre la seda, siendo el Conde del Águila el director como sabemos, nada hace presagiar el odio que le perseguiría. Sin embargo, a juicio del investigador existen algunas claves del mencionado informe que pudieran aclarar alguna luz sobre su asesinato.

En efecto, movido por su carácter impetuoso, ya comentado, y por su amor a la justicia, Juan Ignacio de Espinosa arremete contra los terratenientes y, en la página 8, recoge textualmente:

Que es notoria la acumulación de propiedad que poseen los señores Duques y Grandes...

Para remachar aún más el clavo, añade en la página 9 :
Solamente podrá esperarse el bien cuando entren en circulación aquella gran masa de propiedades civiles y eclesiásticas hasta ahora amortizada y cuyo estanco se disminuirá con la enajenación de bienes eclesiásticos y de obras pías que se está practicando.

Error fatal del Conde del Águila. La palabra maldita para los grandes propietarios de tierras, tanto de los curas como civiles, se puso al descubierto: desamortización. Es decir: expropiación de grandes latifundios que estaban en manos de acaparadores de terrenos, y que como bien decía el Conde, frenaban el desarrollo de la agricultura y de la economía en general.

Es verdad que el débil gobierno de Carlos IV había puesto en marcha tímidas medidas de desamortización. Así, por una Real Orden de 21 de abril de 1802, el monarca incorporaba a la corona los bienes y terrenos de la Orden de Malta en España. Nombrándose a si mismo Gran Maestre de la Orden en los territorios de su reino. Justificaba el Rey su decisión en que la referida Orden ya no desarrollaba los fines para los que fue creada, y, por lo contrario, sus riquezas debían quedar en los países en los que tuvieron asiento tantos siglos, haciendo constar que el Pontífice no había desaprobado esta providencia. Pero esta medida, evidentemente modesta, había dejado intactas las grades propiedades existentes en el país y, especialmente, en Andalucía. Las palabras del Conde dichas en pleno 1807, debieron sonar como un latigazo en los oidos de los terratenientes, especialmente pronunciadas por un hombre de su propio estamento aristocrático.

Podemos creer, que en algún sitio, un dedo siniestro señaló al osado Conde como víctima a batir. Sólo había que esperar una ocasión propicia. Por desgracia no tardaría en presentarse. Por Dios que lo aprovecharon bien.


Pero queda en la historia la valentía y la honestidad de la Sociedad Económica Sevillana. Caro lo pagaría su director, como veremos a continuación.

Continuará...

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