miércoles, 2 de julio de 2014

Al matrimonio Antonio Ruiz López y Félix Soto Jimenez.

AL MATRIMONIO ANTONIO RUIZ LÓPEZ Y FELIX SOTO JIMENEZ COMO RECONOCIMIENTO POST MORTEM Y QUE NORMALMENTE NO LO TIENEN EN VIDA AQUELLOS QUE SE LO MERECEN.



PRÓLOGO



A través de este medio, Bornichos por el Mundo, es mi deseo hacer público lo que supuso tratar, conocer, aprender y respetar a un matrimonio ejemplar, Antonio y Félix, naturales de la Villa de Bornos.
No había terminado el servicio militar cuando conocí a Conchi, en Sevilla, - la segunda de sus cuatro hijos- a principios de abril del año 1969. Fui licenciado a final del mismo mes. La relación cogía cuerpo día tras otro. El noviazgo había que formalizarlo como demandaba la época, nuestro compromiso. Conchi trabajando fuera de la casa de sus padres y su familia no me conocía de nada, si acaso que había ingresado en julio en la Policía Municipal de Sevilla y que además trabajaba de carnicero. Por ello, de común acuerdo, dijimos que yo debería marchar a Bornos a presentarles a sus padres mis respetos. Entre los dos lo fraguamos y ¡cuanta ilusión pusimos en ello¡
Antonio Osete –el hijo de mi jefe de la carnicería-, tenía un 850 y con él nos encajamos un día de septiembre,- era feria en Bornos-.
En el recuerdo más profundo está y estará aquel encuentro con sus padres en la calle Fernán Caballero – la calle de las casitas nuevas-..
 En junio de 1972 nos unimos en matrimonio en Bornos. D. Juan fue el párroco que nos casó.


ANTONIO fue un hortelano al igual que su padre, hombre trabajador, duro como una roca, cabal. Atendía sus labores agrícolas, su ganado, etc, en la huerta El Azadén, propiedad de Enrique Sevilla..
De nuestras conversaciones en armonía, de sus actos como buen padre de familia, me enseñó poder identificar su legitimación y auctoritas que él  acreditaba con los hechos.
No pudo tener acceso a la necesaria instrucción –eran los tiempos para muchos-. Participó en unión de su señora esposa en la cría de sus hijos en un clima de respeto, honradez, dignidad y nobleza, de conformidad a como lo ejercen los grandes, con humildad y sencillez.


FELIX, una mujer digna compañera de su marido, leal; perfecta madre de sus hijos a los que educó y preparó en todos los órdenes como así el tiempo ha demostrado. La majestad que Felix atesoraba y desprendía a mi entender era la innata de esas personas que como a ella, les viene de nacimiento: su humildad, sana paciencia. propia de esos seres humanos inteligentes, desprendidos de las cosas superfluas y por ende saber estar, y comportarse en todo momento con generosidad, sin desdén hacia nadie, con esa calma y prudencia significativa y clarificadora de sus valores y principios.

EPÍLOGO

Lo relatado es una pequeñísima parte de los méritos que tanto uno como otro me demostraron en vida poseer; sus virtudes, y  que tan magníficamente nos describió Platón en la República: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza.
Ambos sufrieron el azote de esa cruel enfermedad que tanto hace padecer a los seres humanos. Hasta con esos terribles padecimientos de los que fui testigo, él, y ella, con sus conductas, fueron grandes, si, grandes, que sin tener el Título nobiliario de Grandes de España, su permanente testimonio a lo largo de sus vidas me hacen poner de manifiesto que fueron Grandes con mayúscula.
Sabemos cuando y donde nacieron, pero para sus seres más queridos Antonio y Félix no morirán nunca.
A modo de conclusión diré que cierto día, circulando por la glorieta del Cid de aquí de Sevilla, dirección al hospital General Virgen del Rocío donde se encontraba ingresado Antonio, mi suegra pudo observar la entrada al Parque de María Luisa y expresó: ¡que bonito Joaquín!, ¿qué es?; el acceso al parque más conocido de Sevilla le manifesté y a continuación le pregunté: ¿no lo conoce Vd. Félix? No Joaquín, no lo he visto nunca. Sólo conozco hospitales, Jerez, Cádiz y Sevilla. Félix, cuando se den las condiciones propicias Vd. Conocerá en unión de su hija, sus nietos y un servidor parques, ciudades, celebraciones de todo tipo, actividades de ocio y aquellos eventos que nos lo podamos permitir.
El comportamiento de Antonio y Félix, su ética y moral mantenidas durante toda su trayectoria en vida, nos debe servir a mí entender como guía;  que hombres y mujeres de su generación, sembraron y abonaron con su actitud la prosperidad de la que hoy gozamos.  Puede que hasta  sin saberlo.


En Sevilla, junio, 2014.




Joaquín Nogueras Alba.

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