miércoles, 11 de junio de 2014

Voces de gañanía, II

Hola Andrés :

En primer lugar pedir disculpas por la omisión de datos en mi artículo " voces de gañanía", relativos a las fuentes de información o experiencia que poseo para asegurar la veracidad de las informaciones que en el mismo se reflejan.

Verás, Andrés : Como queda expuesto, mi nombre es Juan Cabrera, hijo de Jua Cabrera Pinto ( Juan el de Clara ) y de Dolores Sánchez ( Horasquera ), hasta el año sesenta y dos, fecha en que nos vinimos a Cataluña vivíamos en la calle El Puerto, 19.

Los conocimientos que me han servido como base para redactar " voces de gañanía " han sido los que me contaron mis abuelos, nacidos en el siglo XIX, los que me contaron mis padres y otras muchas personas de Bornos nacidas a primeros del XX, y las que viví personalmente trabajando como gazpachero en el cortijo el Jaulón, empleo y funciones del mismo reflejadas igualmente en el artículo. También trabajé en otros cortijos como Granaílla,dehesa de Bornos y el Jerraó, entre Jerez y Sanlúcar, siempre en temporadas cortas y como trabajador de menos de dieciocho años, cuya retribución era la asignada para la mujer.

Asímismo, y debido a una actividad comercial que ejercí , visité todos los cortijos, ranchos, ventas y diseninados vecinales en un radio de más de setenta kilómetros de Bornos, alcanzando todos los comprendidos en la " campiña Jerez ", incluídas sus viñas, y de Salúcar, como el corijo Montana, muy próximo a ésta última ciudad.

En todos estos lugares que cito conocí a mucha gente, muchos de Bornos que ejercían las actividades agrícolas. Pernocté en muchos de ellos, donde también me ofrecían una cuchara y un lugar en el círculo formado alrededor del lebrillo de los garbanzos. Por compromiso o cortesía ésta era una norma que se tenía con los " caballeros andantes ".

Espero con esto, Sr. Andrés, haber despejado todas las justas y lógicas confusiones que pudérais tener tanto tú como los demás lectores de " Bornichos "

Afectuosamente.

Juan Cabrera

R 11/06/08

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola Juan, interesante artículo el que nos narras. Que vida aquella verdad?? Yo soy muy condescendiente y respetuoso con las opiniones de los demás, pero ahora mejor que nunca no me extraña que haya un rencor oculto entre muchas personas de las que vivieron en aquella época. Que pensándolo bién no era para menos, que vida más dura, y lo peor me imagino que todos sabían que eso era lo que había y si no, látigo y a tirá palante. Uff, no me lo quiero ni imaginar. Yo casi siempre he visto este tema desde otro prisma, sobre todo y como siempre soy bastante práctico, desde la posición economica que pudo disfrutar España a finales de la dictadura, y como tampoco tengo familiares directos que me hayan hablado de esta época como la peor época de su vida, pues yo tampoco lo he considerado así, lo que no quita que para muchos bornichos/as y españoles/as en definitiva si lo fuera. Yo desde luego si hubiera vivido en esa época, no se como hubiera actuado, la verdad que prefiero ni siquiera imaginarmelo. Pero como no me interesa la política, prefiero hablar de las relaciones humanas, y más contigo amigo Juan, que le vamos a hacer eso pasó y pasó. Pues, Juan, si le parece a usted yo también le voy a contar mi historias, a mis amigos y familiares los aburro continuamente contandoselas, espero que usted tenga mejor suerte que ellos y no le produzca ese aburrimiento. Pero hoy no se si va a poder ser, pero mañana seguro que podrá usted disfrutar de ella, la obligación está antes que la devoción y voy retrasado. Para darle una pista le diré que mi historia es igual que la de usted, sino que aquí ya había tractores y ordeñadoras electricas, pero las 16 horas trabajando y la calor del mediodia, eso si era igual!! Reciba usted todos mis respetos!! un cordial saludo a Manolo Arias y su esposa, nuestra prima lejana. Y otro fuerte abrazo al batallón de bornenses que habitan en "Bornichos por el mundo". Y una vez más, gracias al General!! Saludos Bornichos

Anónimo dijo...

Diario de un Campesino



Dedicado a Juan Cabrera:

Hola Amigo Juan, no sabe usted lo que he corrido hoy para llegar a tiempo a la cita que tenía con usted y con todos los bornichos, y eso que todavía no he empezado a trabajar jeje, ahora estoy en el turno de noche y entro a las 24:00, pero bueno ya estamos aquí que es lo que importa. Bueno le pongo a usted en antecedente, yo soy nieto de Andrés "el Blanquito" y de José "Cardoso", ambos muy relacionados con la vida en el campo, cada uno en su parcela productiva, pero dándoles a comer a sus hijos de lo que producia la tierra y el ganado. Mi padre es Pepín "de Cardoso", el de la huerta. Somos tres hermanos, mi hermana Mari Carmen la mayor, yo el mediano y Pepito el pequeño. Pues ahí vamos:

Yo recuerdo no se si con tristeza o con alegria, como mis amigos jugaban en la calle con un balón de futbol, o al coger, o al escondite, o al bote, o a la múa, y yo esos juegos los disfrutaba mucho, porque raro era el día que yo podía participar, porque en las faenas de la huerta yo tenía que colaborar como obligación, pero con la obligación de una persona mayor siendo tan sólo un renacuajo. Me acuerdo de mis primeras obligaciones, cuidar del ganado que pastaba en el alambique, ufff, no tenian guasa las vacas, vacas pa arriba, se me iban para la avenida y podian tener un accidente con un coche, se me iban para abajo y se metian en el sembrado de los hermanos Hinojosa (los Calcula), se metían para adentro, para la huerta, podian pisar lo que estaba sembrado de huerta, asi que imaginese usted con 6 años, las carreras y la responsabilidad que tenía que acometer. De hecho mi primera novia, no fue una niña, como todo el mundo, jejeje, mi primera novia fue una VACA, no es que estuviera gorda, ni que naciera con cuernos la chiquilla, y con perdón, no, es que yo tenía una vaca que era mi preferida, le traia remolachillas entre la hoja verde del follaje de la remolacha (cuando se pelaba la remolacha a mano) y alguna que otra vez, tambien cogía una gorda del lineo y cuando llegabamos a la huerta, se la picaba con el hocino, ahora la vaca me veia e iba detrás mia, como si fuera un corderito con la madre, que gracia. Una vez incluso me quedé dormido encima de ella, ella rumiando y yo abrazado a su cuello. Tambien recuerdo en la estancia donde se ordeñaban, en invierno con el frio que hacia, yo me metia en el pesebre de alguna de ellas y con el baio de su boca me queda calentito, hasta que mi padre terminaba de ordeñarlas y ya nos podiamos ir a mi casa a dormir, yo por entonces estudiaba en EGB y por las tardes le ayudaba a mi padre. Tambien recuerdo que de pequeño yo era muy malo regando por pie, cuando en las huertas había agua, no se porque a mi el agua se me iba por todos lados, con lo fácil que era para mi padre, el pegaba dos zoletazos y de momento sabía dirigir el agua, adonde tenia que regarse el lomo de hortalizas o legumbres en cuestión. Ya que como usted sabrá por esa época mi abuela Carmen tenía un puesto en la Plaza de Abastos, al igual que Manuela la kikila, nuestra vecina de huerta e Ignacio, su marido. Que buenas personas. Y como trabajamos todos, ufff. Y cuando se iba la luz, a ordeñar a mano, imaginese usted yo de niño, yendo al colegio, tirando de la teta de una vaca, para sacar leche, las vacas me daban patadas, las tenía que trabar, me daban con el rabo en la cara, les tenia que amarrar la cola, un show!! Y cuando no, pufff, me tiraban el cubo de la leche al suelo, hijas....., que coraje!!! Ya con 8 o 10, años mi padre me impuso los honores de ser el limpiador de cuadras de vacas, cochinos y becerros de engorde, esa función la desempeñé hasta que las vacas se vendieron teniendo yo 18 años, asi que imaginese usted, todos los fines de semana del año, le repito y le aseguro, que si yo no las limpiaba, el viernes, lo tenía que hacer el sábado, si no el domingo, pero en el fin de semana tenian que caer. Lo peor era en el invierno, que con el agua, los excrementos se hacian liquidos y eran más abundantes, jejeje, que asco. Pues si, esa era mi vida. Yo me ponía mis botas de agua y con tal de parecerme a mi padre ya era feliz, que además mis botas no eran de mi talla, las botas eran cualquiera de las que tuviera mi padre. Eso si al mediodia, dormia con el, y por las noches tambien me duchaba él, y ya despues se duchaba el tranquilo. Cuando ya fui un poquillo más grande, mientras el se duchaba, yo me fumaba los cigarros ducados, mientras más tardaba, mas me fumaba. Mi padre era mi idolo. Otra cosa que le quiero contar a usted, seguro que tambien eso lo había en su época, la blandura, la blandura para poder coger la hoja de remolacha seca, para confeccionar los pajares para el invierno. En tonces ya era yo un poquillo más grande y teniamos un pedazo de tractor, que era la envidia de todos mis amigos, y mi padre me lo dejaba porque se me dió bien desde siempre. Pues, ya era yo más grandecillo, cuando ocurria esto, tendría yo los 13 o 14 añillos, y estando con mis colegas en el embarcadero, ya sabe usted o con la cervecilla, o alguna niña en las mesitas, lo tipico vamos. Y cuando yo olia que iba a caer la blandura, el rocio de la noche, que dejaba las hojas de remolacha empapadas, y que podias hacer unos montones perfectos, me iba corriendo para mi casa y a dormí, porque a las 5 o 6 de la mañana me iba para los campos con el tractor o el vespino de mi Tia Mari (la del Piña) y un hocino, eso si y recoger hoja como un loco, a hacer miles de montones hasta que la blandura desapareciera y de vuelta para la huerta, si llevaba el tractor me lo llevaba cargado de hoja fresca de otro campo, o del mismo si la había. Yo de niño me conocia a todos los dueños de casi todas las fincas de la carretera de Borniche. Que Gracia y que pechas de trabajar. Me acuerdo cuando iba con mis amigos y se tenian que montar en la pesa del tractor, para que no me hiciese el caballito, por que la hoja fresca si pesaba mucho y yo siempre lo cargaba hasta los topes, como nos reiamos. Bueno Juan, me hubiera gustado contarselo a usted de otra manera más pausada, pero ha llegado la hora de irme a trabajar. Espero que hay disfrutado usted esta historia, como yo he disfrutado la suya, sobre todo, porque seguro que nos hace recordar los momentos esos de cuando eramos más jovenes. Reciba usted un fuerte abrazo y pregunte por mi cuando esté usted en Bornos, porque una copichuela de vino seguro que cae. Esta historia se la dedico a mis amigos de infancia, a los buenos y verdaderos, a los que nunca se olvidan, al Mirlo, al Buhito y a Germán, cada uno de ellos con sus vidas, como personas humanas que somos todos, con nuestros defectos y nuestras virtudes, pero por siempre mis amigos!! Ellos pueden atestiguar que estas vivencias son todas verídicas, los muy cabritos me tenian que esperar para luego irnos por ahí, jijiji, Saludos Bornichos y hasta la próxima!!

Anónimo dijo...

Repasando la historia me he dado cuenta que la he dedicado dos veces, A Juan Cabrera por ser inspirador de mi historia, y a todos mis amigos que con frecuencia me visitaban mientras yo trabaja (aunque sólo he nombrado a tres de los más asiduos). Y otro perdón por las incorrecciones!! ARB