domingo, 26 de junio de 2016

Antiguos Carnavales de Bornos y Fiestas Típicas. Capítulo VII y último.

ANTIGUOS CARNAVALES DE BORNOS Y FIESTAS TÍPICAS
CAPÍTULO VII Y ÚLTIMO
PEPI CASTILLO DAMA DE LAS FIESTAS TÍPICAS DE 1976


No puedo terminar el relato de cómo comenzaron las Fiestas Típicas de Bornos sin tener un recuerdo especial, en la lejanía de los tiempos, de una persona que fue Dama de Honor, como también lo fueron otras jóvenes de Bornos.

Pepi Castillo no sé si fue una persona especial, que seguramente lo fue según yo la vi al ser su acompañante, desenvolverse a la espera del comienzo del cortejo. Callada, pero sonriente. Una cara llena de serenidad; nerviosa, como las demás, feliz, como las demás en una noche de cuento de hadas.
En el umbral de la salida hacia la plaza me apretó el brazo; había llegado la hora; iba a hacer una especie de pasarela ante cientos de personas que abarrotaban el recinto. La miré y le dije: "No pasa nada, ésta es tu noche".
Salimos haciendo el recorrido con seguridad, incluso sonriendo a su padre en la zona de las Autoridades. La dejé con sus compañeras hasta  que finalizase el acto.
Quizás, sin pretenderlo, sino sólo por el impulso del poeta, el Pregonero la definiera mejor que nadie:


Pepi Castillo


Pepi Castillo sueña un sueño de amapolas,
de jazmines y nardos, de azahar florecido,
de airosas banderolas
tremolando en su aire, de aromas encendido.

Como un tesoro de estrellas que se baña en la fuente
su talle es de palmera que el viento condecora
y le ciñe la frente,
como un resol antiguo que sus pupilas dora.




¡Qué difícil es escribir sobre una persona en la lejanía de su desaparición!.
Después de aquellas Fiestas que nunca olvidaría,  treinta y un años después, Dios…, su destino… se la llevó.
Para los que tenemos la esperanza de una vida mejor sabemos que Pepi tiene que estar en un lugar privilegiado que llaman Cielo.
Hay una coplilla que comienza "En el Cielo se alquilan balcones…"
Seguro que Pepi se asomará y verá la inmensidad del mundo y, como un "Zoom" prodigioso, se acercará a nuestro paisaje y verá una y otra vez el azul del lago, la sierra de El Calvario, su casa, su gente y tantas y tantas cosas que ya ni puede ni quiere cambiar porque la dicha eterna es la que todo mortal busca durante su vida y ella la consiguió después de muchos sufrimientos, pero también de esperanzas.
Alguien se preguntará: ¿"Y porque escribe de Pepi Castillo"?
Sencillamente porque de aquel grupo de jóvenes de unas Fiestas de 1976, sólo falta ella.
¿Fue la mejor?
Eso lo supo mejor que nadie el poeta. Quizás por eso su poesía contiene el doble de renglones que la de las demás Damas.
Este humilde escritor la ha sacado a la actualidad porque una noche del año 1976, tuvo el honor de acompañarla hasta un lugar de privilegio, como una alegoría anticipada de su vida.
Pepi Castillo, además de tu familia seguro que existen en Bornos muchas personas que no te han olvidado.

A. RODRÍGUEZ HIDALGO.

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