viernes, 17 de enero de 2014

Viaje por la Europa Mediterránea de 1975 (VIII)

VIAJE POR LA EUROPA MEDITERRÁNEA DE 1975 (VIII) 

Seguimos con el día 7. Del Castillo de "Miramare" nos fuimos por una carretera de circunvalación hasta llegar a otro punto turístico "La Gran Gruta". Era enormemente grande, parecida a las que conocemos en España. Una vez en el interior bajamos los 133 metros con un total de 533 escalones de bajada y otros tantos de subida. ni que decir tiene que llegamos a la superficie rendidos, dejándonos caer en uno de los bancos del recinto de entrada. Una vez recuperadas las fuerzas, almorzamos y regresamos al hotel para descansar un par de horas y salimos a pasear por la ciudad. La Plaza Mayor alberga los edificios más importantes y está perfectamente iluminada. Recorrimos el paseo marítimo hasta llegar al puerto que tiene un enorme espigón para la entrada y salida de buques. Trieste está situada al Norte de Italia a orillas del Mar Adriático.
Regresamos para cenar y después nos retiramos a nuestras habitaciones. Al día siguiente no sabíamos si tendríamos problemas con el dichoso visado.
9 de Septiembre.- A las 9,OO horas estábamos en el Consulado yugoslavo en Trieste y tardaron más de una hora en darnos los visados. Allí llegaron también dos camioneros españoles que llevaban (cosa sorprendente) madera de chopo para Grecia.
Por fin pasamos la frontera yugoslava y allí mismo cambiamos pesetas por  moneda yugoslava que denominan "dinar", cuyos billetes llevan la imagen del Dictador Tito. Como en los años cuarenta en España, también tuvimos que comprar cupones para canjear por gasolina.
Mariscal Tito
Comenzamos el viaje por este nuevo país y después de llevar recorridos más de 100 kilómetros no nos pareció diferente a cualquier otro, aunque con ciertas diferencias: la pobreza era evidente, las carreteras, malas y con muy poca infraestructura. Pero todavía no nos podíamos hacer una idea en líneas generales, porque no habíamos visitado grandes ciudades. La publicidad dice que lo mejor es la zona de la costa dálmata que era la que estábamos atravesando. Si es así, el país es verdaderamente pobre. Habían pasado treinta años de la finalización de la II Guerra Mundial y, cuando la economía de los demás países que intervinieron era floreciente, Yugoslavia permanecía en el ostracismo propio de una dictadura socialista completamente obsoleta, sin posibilidad de libertades, que era regentada con mano de hierro por un Dictador.
Damos a conocer unos datos de interés sobre este país: Tras el triunfo de las fuerzas aliadas en 1945, a las que pertenecían las fuerzas partisanas de Yugoslavia, el país quedó compuesto por una Federación de seis repúblicas y recibió el nombre de  República Democrática Federal de Yugoslavia en 1946, incluida en la órbita de Moscú como país satélite. En 1953 fue elegido Presidente el Mariscal Josip Broz, Tito, que rompió con la disciplina de Moscú inmediatamente. Fue reelegido en 1963. En el año 1980 muere Tito y comienzan las guerras de Yugoslavia que acabaron con la Federación de Repúblicas Socialistas en 1991. Surgió entonces una nueva Republica Federativa que duró hasta 2003 en que pasó a denominarse República de Servia y Montenegro.
Titogrado, Yugoslavia
Pero sigamos nuestro viaje. Las capitales de provincia como Rejika o Simolesa se pueden comparar con ciudades grandes de nuestra geografía como Sanlúcar de Barrameda o El Puerto de Santa María, aunque la realidad de su estructura turística deja mucho que desear como veremos.
La orografía que ibamos atravesando es muy escarpada y desprovista totalmente de vegetación. Sin embargo pronto entramos en la zona de la costa que es de una belleza singular. Existen a lo largo de ella un sin fín de islas pequeñas, algunas con construcciones bajas, aisladas que delatan en su arquitectura bastante tiempo de existencia.. Las aguas son muy claras, limpias y de un color azul intenso. Nos animamos a darnos un baño en el Mar Adriático. Seguidamente almorzamos en un restaurante cercano a la playa. Mientras comíamos, observábamos por la ventana personas muy jóvenes alrededor de nuestros coches, pobremente vestidas y algunos prácticamente con harapos. Continuamos hacia Spliz y, al paso, pudimos ver el estadio del famoso equipo de futbol "Spliz de Yugoslavia". Llegamos al hotel y, después de asearnos un poco, salimos para cenar cerca. . Cuál no sería nuestro asombro cuando, de pronto, durante la comida, por los altavoces sonaron los primeros rasgueos de guitarra y enseguida la inconfundible voz de Peret cantando "Borriquito como tú". Regresamos pronto al hotel porque al día siguiente teníamos que madrugar para aprovechar la luz del día.

A. RODRÍGUEZ HIDALGO Y JOSÉ JURADO GIRÓN
(CONTINUARÁ)

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