sábado, 26 de octubre de 2013

Sábado, 26 de octubre de 2013
‘DÍAS DE BARBARIE. GUERRA CIVIL Y REPRESIÓN EN BORNOS’

Reforma agraria y represión fascista




FERNANDO ROMERO ROMERO
‘Días de barbarie. Guerra Civil y represión en Bornos’, de Fernando Romero Romero, ha sido editado por la Asociación Andaluza Memoria Histórica y Justicia y el Grupo de Trabajo Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía
"Suéltame un brazo, que con uno solo te mato", le dijo Frasco Pandereta al guardia Ortiz cuando se lo llevaban detenido. Un testigo vio cómo lo arrastraron a las afueras del pueblo y lo mataron a tiros. El cadáver quedó abandonado en la cuneta, hasta que lo recogió el vehículo que a diario recorría la carretera entre Arcos de la Frontera y Villamartín –«camión de la carne» le decían– y lo descargó en el cementerio Casi setenta años después, Máximo Molina Gutiérrez, el nieto de Pandereta, viajó de Cuenca a Cádiz, de Tarancón a Bornos, para desenterrar la historia de su familia materna. Allí también habían asesinado a un bisabuelo, Manuel Perea Méndez. Los crímenes ya no tenían remedio, pero quería saber: saber qué había ocurrido, saber por qué, conocer las sinrazones de lo injustificable. En Bornos conoció a Jorge Garrido, un maestro que lleva el apellido del alcalde socialista de la República: Antonio Garrido Jiménez, otro bornicho asesinado. Los testimonios que recogieron en 2003 dibujan un cuadro desolador de violencia, muerte y latrocinio. «Ciento trece machos y tres mujeres» fue la lapidaria respuesta de Miguel el Bombito a la pregunta por el número de víctimas que causó la represión fascista en aquel pueblo en donde no hubo violencia republicana previa. Casi un centenar están registradas, con nombres y apellidos, en un listado que todavía se conserva en el archivo municipal. 
Las tres jerarquías
Bornos siempre había sido, hasta que la República quiso subvertir el orden, el pueblo de las tres jerarquías que encontró el pedagogo Luis Bello cuando visitó sus escuelas: «Un señor. Cinco arrendatarios. Mil quinientos jornaleros con sus familias, hasta siete mil almas». Cuatro quintas partes del término municipal –cuatro mil hectáreas– pertenecían a la condesa de Valdelagrana. 

En el extremo opuesto de aquella sociedad desigual estaban los obreros que no tenían donde caerse muertos: «jornaleros de tierra ajena, sin futuro para ellos ni para sus hijos». Y, en medio de ambos, los señoritos del pueblo, una pequeña oligarquía que arrendaba las tierras de la condesa y a quien otro periodista –De la Peña– definió veinticinco años antes como «casta de explotadores». De ella procedía la clase política local y en sus manos estuvo, durante décadas, el Ayuntamiento bornicho. 
Luis Bello estuvo en Bornos en 1926, en plena dictadura de Primo de Rivera, cuando los obreros estaban desorganizados, y les atribuyó una «filosofía fatalista » que los hacía conformarse, «como si fuera ley eterna», con el estado social de las «tres jerarquías». Pero habría percibido unas actitudes muy distintas si lo hubiese visitado durante los veranos de 1903, 1914 o 1919, los años de las grandes huelgas de recolección. Esos fueron algunos de los momentos álgidos de las luchas campesinas, pero no se limitaron a ellos. La aspiración a mejorar las condiciones de vida fue permanente y, salvo algunos periodos de desmovilización, como el ya citado de la dictadura, los campesinos bornichos canalizaron sus reivindicaciones a través de sociedades obreras con nombres tan simbólicos como «La Fraternidad» (1899-1903), «La Constancia» (1912-1915) o «La Lucha es Vida » (1917-1919). 
La tierra para quien la trabaja Republicanismo, anarquismo y socialismo fueron las ideologías que acogieron los trabajadores durante todo el primer tercio del siglo XX, a pesar de los esfuerzos de los labradores para impedir su difusión. Siempre estuvieron en desventaja frente a la oligarquía agraria, que tuvo el respaldo incondicional de los ayuntamientos conservadores. 
Los socialistas y republicanos reformistas accedieron al gobierno municipal en 1931 y la política agraria socialista transformó las relaciones laborales en el campo: la discutida ley de términos municipales, la de laboreo forzoso, la de colocación obrera y la creación de bolsas de trabajo fueron algunas de las medidas que arrebataron a la patronal la posición dominante que hasta entonces había tenido en aquel mundo de señoritos y jornaleros.

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