lunes, 12 de junio de 2017

Don Diego de Ribera en la literatura española del siglo XV



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La Semana nº 3 (Revista de la Semana cultural 2009)




Don Diego de Ribera en la literatura española del siglo XV:
el Romance de Álora y el Laberinto de Fortuna


Eduardo López Prieto.

En este artículo nos proponemos acercar a la población de Bornos la figura militar y literaria de uno de sus hijos más significados en la historia de España: Don Diego de Ribera, muerto a traición durante el asedio de Álora.
Sus hechos de armas en la guerra contra los musulmanes fueron tan significados que la literatura española de la época dejó constancia de ellos en dos obras de muy diferente intención: el Romance de Álora de carácter popular y el Laberinto de Fortuna de Juan de Mena, la obra poética culta más ambiciosa del siglo XV.
En mayo de 1434, Don Diego de Ribera, comandaba las fuerzas cristianas que intentaban tomar la localidad de Álora, situada entre Ronda y Málaga. Los habitantes de Álora se refugiaron en el castillo mientras la artillería cristiana bombardeaba las murallas abriendo brechas en sus muros. La resistencia de la población, como en todas las ciudades moras, fue feroz, pues sabían cuál sería su destino si la victoria caía del lado cristiano .
Al fin, pidieron tregua y el Adelantado se la concedió accediendo a parlamentar con el jefe musulmán. Cuando se estaba celebrando la entrevista, un ballestero árabe que estaba escondido asesinó al Adelantado quebrando la tregua. La batalla prosiguió con la derrota cristiana. Álora no sería tomada hasta 1484 por los Reyes Católicos.
Este episodio bélico finalizado con un asesinato tuvo gran repercusión en toda España, pues las noticias que venían de la guerra de reconquista contra los árabes interesaban por múltiples motivos a toda la población cristiana. Esta importancia dio lugar a la formación de un romance muy famoso que, a modo de crónica, difundió lo ocurrido por toda la Península. Intentaremos explicar ahora las circunstancias que envuelven este romance.
¿Qué es un romance morisco o fronterizo?
Por norma general, se define a los romances como poemas populares españoles compuestos por un número indeterminado de versos de ocho sílabas que riman de forma asonante en los pares quedando libres (o sin rimar) los impares.
Estas manifestaciones literarias tienen un importante auge entre los siglos XIV y XVII y se mantienen posteriormente con cierto vigor, incluso llegando hasta nuestros días (recordemos que existe un importante romancero de la Guerra Civil).
Dentro de los romances hay diferentes clases y entre ellos hay un subgénero especial que es típico de Andalucía: el romance fronterizo. Díaz Viana define el romance fronterizo como aquel que narra un suceso bélico de la Reconquista. Éste es el caso que nos ocupa.La causa de que existieran estos romances es obvia. Tras la victoria cristiana en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), la Reconquista sufre un importante impulso y las luchas contra los musulmanes van a ser una constante hasta su derrota definitiva. La frontera entre los cristianos y los moros en las provincias de Cádiz, Málaga y Granada va a ser muy inestable y se van a producir constantes escaramuzas y saqueos entre unos y otros. Este constante peligro bélico preocupaba lógicamente a la población por las consecuencias económicas, sociales y hasta personales que podía acarrear. Un habitante de Bornos podía verse privado de sus bienes, su forma de sustento y hasta de la vida misma si los musulmanes volvían ainvadir la localidad.
Las noticias de estas luchas corrían de boca en boca con rapidez y los romances sirvieron para transmitir las noticias como si de un periódico se tratasen.
Uno de estos romances es el famoso de Álora, protagonizado por el mismísimo don Diego de Ribera.



¿Cómo era entonces la guerra?
De forma general, podemos decir que durante el siglo XIV y XV, la guerra fue una constante cotidiana para la población andaluza de los territorios fronterizos. Tal es así que basta echar un vistazo a la toponimia gaditana para darnos cuenta de la cantidad de localidades que añaden a su nombre el sintagma “de la Frontera” (Jerez, Arcos, Conil,Chiclana, etc.). Esta guerra era seguida en toda España con gran interés, pues muchos españoles que vivían en el norte peninsular emigraban hacia el sur para repoblar las nuevas localidades conquistadas tras la expulsión de los musulmanes que allí viviesen.
Las poblaciones cristiana y musulmana vivían en territorios o países distintos, con leyes distintas y hablando lenguas distintas. La mayor parte de los musulmanes no se podía comunicar con los cristianos y viceversa pues no entendían su lengua. En este sentido es conveniente señalar que la ingenua idea difundida en los últimos años de hermandad y convivencia pacífica entre ambas comunidades es rotundamente falsa.
Cuando una ciudad musulmana se conquistaba, la población árabe era expulsada y sus propiedades eran lógicamente expropiadas. Posteriormente la ciudad era repoblada con población cristiana proveniente de las tropas de conquista y/o de distintos lugares de España. Es sencillo comprobar esto simplemente mirando los apellidos de los habitantes de cualquier localidad andaluza y concretamente los de Bornos. Por lo que se refiere a la estrategia y las armas empleadas en estas guerras, hay que recordar que la pólvora no se utilizaba todavía con profusión pues su incorporación a la estrategia militar se producirá en la caída de Constantinopla (1453). Existía la caballería formada por nobles que utilizaban su armadura y sus armas ofensivas (lanza, espada, etc.) y los peones. Se empleaban también las bastidas o torres de asalto y las catapultas que lanzaban poderosas piedras. Para hacerse una idea, en la toma de una ciudad de la frontera podía intervenir un ejército formado por unas mil o dos mil personas, integrado en una cuarta parte por caballeros, siendo el resto peones. Lo normal era sitiar o cercar la población musulmana para rendirla por hambre. Los defensores se hacían fuertes en el castillo llevándose alimentos y objetos de valor y esperaban refuerzos que les ayudaran a romper el cerco, aguantaban hasta que se agotasen los atacantes o bien se veían forzados al final a dar batalla para romper el sitio. Como es lógico, los castillos estaban en zonas altas y de difícil acceso o rodeadas de fuertes pendientes para dificultar su toma.

Esa es la razón principal por las que los cristianos solían atacar a los musulmanes y conquistar sus villas durante la primavera y el verano. En estos meses el suelo estaba seco y las grandes máquinas de ataque y las pesadas caballerías se podían acercar hasta los muros sin resbalar por las pendientes.

Así podemos leer en los primeros versos del famoso romance como el Adelantado cerca la ciudad de Álora y emplea la artillería hasta romper la muralla. Podemos imaginar el pánico de la población sintiendo que sus vidas corren peligro y que la derrota supondrá su expulsión inmediata y la pérdida de todos sus bienes. Los musulmanes se retiran al castillo llevando alimentos y sus objetos de valor:

¿Qué era un adelantado y cuál era su importancia?

El adelantado era un cargo importantísimo en el reino de Castilla; hasta el punto de que en su zona de influencia no mandaba nadie por encima de él excepto el rey. Era un representante del rey con poderes políticos, judiciales y militares. Representaban por tanto la voluntad real en las zonas fronterizas donde la guerra con los musulmanes y los enfrentamientos entre los propios nobles cristianos eran constantes. Podríamos decir por hacer una comparación con la actualidad que un adelantado era como un general actual, con plenos poderes en tiempo de guerra. Hubo en España según las épocas tres, cuatro y hasta seis adelantados, pero siempre el más importante fue el Adelantado Mayor de Andalucía, debido a la importancia militar y económica que suponía para la España cristiana la reconquista del territorio andaluz.

El primer adelantado de Andalucía fue Pedro Ruiz de Olea en el año 1253. Desde que Per Afán de Ribera accede al cargo en 1396, conseguirá que éste sea hereditario. Per Afán tuvo dos hijos de dos mujeres distintas. Su primer hijo murió en el sitio de Setenil en 1407, por lo que fue al final su hijo Diego de Ribera quien se convertiría en Adelantado Mayor a la muerte de su padre.

Como Diego de Ribera estaba estrechamente vinculado con Bornos, pues la había obtenido en herencia junto con Espera, podemos suponer la importancia política que cobró nuestra localidad durante estos años decisivos para la historia de España, especialmente como centro de organización de los ejércitos cristianos.

La campaña de 1434

Efectivamente, a partir de 1430, la guerra contra los árabes entra en la fase final y los cristianos creen llegado el momento de presionar decisivamente a los árabes. Toda España está pendiente de los acontecimientos del sur y prueba de ello es el éxito de los romances fronterizos en toda España, que transmiten por toda la península los acontecimientos
bélicos de Andalucía.

Desde la provincia de Cádiz van a partir sucesivas expediciones comandadas por el propio Diego de Ribera. En el otoño de 1433, el Adelantado Mayor organiza una poderosa ofensiva contra los musulmanes para aprovecharse de sus luchas internas y dar un impulso decisivo al avance cristiano. Podemos imaginar la actividad febril de Diego de Ribera y de muchos bornenses que integrarían sus fuerzas militares durante esos meses de 1433 para armar, pertrechar y organizar un poderoso ejército. Grandes esperanzas se tienen en esta empresa. España tiene sus ojos puestos en el bornense ilustre y en quienes le acompañan.

Tal fue así que en el invierno de ese año, Diego de Ribera y sus tropas reconquistan diferentes localidades serranas de las provincias actuales de Málaga y Granada como Turón, Ardales, Iznájar y Castellarde la Frontera. Un éxito detrás de otro. El entusiasmo se apodera de las fuerzas cristianas. Su avance parece incontenible. Eso les da ánimo para intentar tomar Álora, una ciudad con fama de inaccesible.

El cerco de Álora y la muerte de Diego de Ribera

Al llegar mayo, don Diego de Ribera se decide por sitiar la ciudad de Álora. Al ver sus murallas, las tropas se dan cuenta de que esta pequeña localidad tiene un castillo situado estratégicamente en una alta colina, por lo que será de difícil conquista. De hecho, Álora se había cercado ya en dos ocasiones por los cristianos (1184 y 1319) sin éxito. Al sentir la llegada de las tropas cristianas, los musulmanes se refugian en su fortaleza y mandan parlamentarios para pactar las condiciones de una posible rendición.

Las tropas cristianas entran en la ciudad con las banderas desplegadas (“Por encima del adarve, su pendón llevan tendido”). La victoria parece al alcance de la mano. Los emisarios musulmanes llegan a la reunión con el Adelantado para pactar la capitulación. Es entonces cuando el Adelantado se quita el casco creyendo las palabras de paz de los árabes. En ese momento, un ballestero musulmán que estaba escondido a escasa distancia aprovecha para lanzarle a traición un cuadrillo (una flecha de madera rematada por un cono de hierro) que le acierta en la cabeza. Unas versiones dicen que la flecha le entra a don Diego por el ojo y otras fuentes dicen que fue por la boca. Lo cierto es que el traidor atentado tiene éxito y los árabes, aprovechando la confusión, consiguen volver a sus posiciones y hacerse fuertes de nuevo en el castillo. El Adelantado Mayor es conducido ante el médico por sus hombres de confianza, pero éste les dice que no puede hacer nada. Don Diego es trasladado a Antequera donde muere a los pocos días. El cerco de Álora fracasa. La ciudad ya no será tomada hasta 1484 por los mismísimos Reyes Católicos.

La noticia de la muerte de don Diego vuela por la frontera y alcanza a toda España. Un emisario galopa para trasladar la noticia al rey. Juan II está en ese momento en la provincia de Segovia, viajando de Castilnovo a Aguilafuente. Le acompaña el escritor más importante de España, que es además su amigo y secretario personal. Se trata del cordobés de origen judío Juan de Mena, El rey recibe dos cartas consecutivas. En la primera se le da cuenta del atentado sufrido por el Adelantado Mayor. En la segunda se le notifica su muerte.

El pueblo llano también queda impactado con la muerte de don Diego. La fama del bornense ilustre y las circunstancias traicioneras que rodean su muerte convierten el atentado en un tema ideal para el nuevo género literario. En poco tiempo, el romance se difunde por España, modificando en muy pocos aspectos la versión histórica.

Álora, la bien cercada,
tú que estás en par del río,
cercóte el Adelantado
una mañana en domingo,
de peones y hombres de armas
el campo bien guarnecido;
con la gran artillería
hecho te habían un portillo.
Viérades moros y moras
subir huyendo al castillo;
las moras llevan la ropa,
los moros harina y trigo,
y las moras de quince años
llevaban el oro fino,
y los moricos pequeños
llevan la pasa y el higo.
Por encima del adarve
su pendón llevan tendido.
Allá detrás de una almena
quedado se había un morico
con una ballesta armada
y en ella puesto un cuadrillo.
En altas voces diciendo
que del real le han oído:
-¡ Tregua, tregua, Adelantado,
por tuyo se da el castillo!
Alza la visera arriba
por ver el que tal le dijo:
asaetárale a la frente,
salido le ha al colodrillo.
Sácole Pablo de rienda
y de mano Jacobillo,
estos dos que había criado
en su casa desde chicos.
Lleváronle a los maestros
por ver si será guarido;
a las primeras palabras
el testamento les dijo.

Don Diego de Ribera en el Laberinto de Fortuna

Sabemos este hecho además gracias al propio Juan de Mena y a su Laberinto de Fortuna.
Esta obra se publicó en 1444 y en ella ya se alude al romance, por lo que podemos afirmar que diez años después de la muerte de don Diego, su romance era muy conocido en España. Hay que señalar que el Laberinto de Fortuna es la obra poética española más ambiciosa del siglo XV. Se trata de una obra alegórica de intención patriótica en la que Juan de Mena pretendía presentar a los hombres y mujeres más importantes de nuestra historia comparándolos con los héroes de Roma y Grecia, como un ejemplo a seguir. Juan de Mena citará entre estos españoles heroicos a nuestro conciudadano don Diego de Ribera al dedicarle tres de las casi trescientas coplas que contiene la obra. Más en concreto las estrofas 190, 191 y 192 que pasamos a transcribir, dejando su comentario y análisis más extenso para otra ocasión.

CXC
“Aquel que tú vees con la saetada,
que nunca más faze mudança del gesto,
mas por virtud de morir tan honesto
dexa su sangre tan bien derramada
sobre la villa no poco cantada,
el adelantado Diego de Ribera
es, el que fizo la vuestra frontera
tender las sus faldas más contra Granada.

CXCI
“Dentro en Ematía más Çeva non pudo
mostrarse animoso, allí donde quiso
sacarse aquel asta de medio del viso
quel diera Cortino con fierro atan crudo,
nin tanto constante aquél no estudo
donde aquel triste de Aulo, creyendo
que la virtud le faltase muriendo,
más lo fallava feroçe e sañudo.

CXCII
“Tú adelantaste virtud con estado,
muriendo muy firme por la santa ley;
tú adelantaste los reinos al rey,
seyéndole firme, leal e criado;
tú adelantaste tu fama, finado,
en justa batalla moriendo como ombre;
pues quien de tal guisa adelanta su nombre,
¡ved si devía ser adelantado!

Glosario
En par: Al lado; pareja al río
Guarnecido: Protegido
Portillo: Cualquier paso o entrada que se abre en un muro, vallado, etc.
Cima: Encima.
Pendón: Insignia militar propia y que consistía en una bandera más larga que ancha
Adarve: Camino situado en lo alto de una muralla, detrás de las almenas.
Cuadrillo: Flecha de madera, que llevaba en el extremo una punta de hierro de forma piramidal
Colodrillo: Parte posterior de la cabeza. Nuca.
Maestros: Médicos.
Guarido: Salvado.

Bibliografía
DÍAZ VIANA. El romancero viejo. Anaya.
LAEDERO QUESADA, De Per Afán a Catalina de Ribera. Siglo y medio en la historia de un linaje
sevillano (1371-1514). Universidad Complutense de Madrid.
Mena, Juan de. Laberinto de Fortuna. Edición de M. Kerkhof. Castalia.
Menendez Pidal. Flor nueva de romances viejos.Espasa Calpe.
http://www.iznajar.net/historia4.htm
http://www.fundacionmedinaceli.org/casaducal/fichacasa.aspx?id=29
http://www.juntadeandalucia.es/averroes/caep_perafan/centro/perafanderibera/perafanderiberahtm.

Eduardo López Prieto.

R 12 de junio de 2009

1 comentario:

Anónimo dijo...

Muy interesante el escrito¡¡
Por cierto, Eduardo López Prieto no es uno de los profesores que imparten lengua y literatura en el convento¿?Jr