lunes, 27 de marzo de 2017

Un entierro bornicho.

.



EL ENTIERRO BORNICHO

Días pasados, como es mi costumbre, asistí y acompañé al enterramiento de un bornicho, conocido, puesto que por mi edad y por los habitantes de Bornos nos conocemos todos, gracias a Dios. Esto no hace al caso. Por el camino, iba pensando en lo breve que es la vida, lo pronto que se nos pasa, y me vino a la mente la de entierros que he acompañado en mi vida y, por supuesto, los cambios que se han producido en la forma de enterrar a lo largo de 60 años. Ahí es nada.
Si alguien nos abandonaba, de inmediato, nos informábamos por el toque de campanas o por el boca a boca en las tiendas, en el mercado, en las fuentes… todo sin necesidad de prensa o esquelas mortuorias.
Uno se moría donde quería, es decir, en su propia casa. Nada de hospitales o tanatorios llenos de flores, bares o tiendas de lápidas. El velatorio se celebraba en el propio domicilio, y digo "celebraba" porque, durante la larga noche, además de dar el pésame a la familia, daba tiempo de fumar, tomar un cafelito o, en muchas ocasiones, hasta la propia familia ofrecía una copita de coñac o de aguardiente.
Pero lo más socorrido era la conversación. Siempre se terminaba hablando de las anécdotas que le ocurrían a los personajes populares de Bornos o se contaban chistes que provocaban la risa. Los bornichos somos así, era una forma de mitigar el dolor producido por la muerte del ser querido. Nos despedíamos de los familiares con la información de la hora del entierro, porque allí no terminaba el acompañamiento: Pasadas las 24 horas, ¡todos al sepelio!
El clero iba, en ceremonial, hasta la casa del fallecido. Se recibía en la puerta. Pero si el entierro era "de primera", es decir, de gente adinerada, se repetía el responso hasta tres veces desde la iglesia hasta la casa mortuoria, con túmulo itinerante. Después se decía la misa funeral cantada y solemne, según los casos.
Posteriormente, se producía el traslado del féretro al cementerio, llevado a hombros al no existir aún los coches fúnebres. Durante el recorrido se rezaban nuevos responsos hasta la mitad de la calle Granada -sobre el número 70-, puesto que a partir de este punto se despedía la Iglesia. También se despedían, acoplados a la acera izquierda, los acompañantes que por su edad, pereza o "cangelo" no bajaban hasta el camposanto.
Enterrado el cadáver, volvían los familiares y toda la comitiva hasta la puerta del domicilio del finado, donde se recibía el pésame. Sí, allí se colocaban "enfilados" todos los familiares más allegados, y se erigía a un portavoz que se encargaba de dar las gracias a los asistentes por el acompañamiento.
Me viene a la memoria una anécdota ocurrida en un pésame de gente sencilla, en el que el cuñado del muerto fue el portavoz familiar. Éste, descubriéndose de su sombrero con la solemnidad que el caso requería, con voz grave y candente dijo… "señores, en nombre de la familia del finado, os doy las más expresivas gracias por haber acompañado al cadáver de mi cuñado". Y, como quiera que le salió tan fino aquel pareado, en aquel silencio absoluto, sobresalió la voz del cachondo de turno que, acompasadamente, dijo…"con el garrotín, con el garrotán". Como es lógico, se produjo la hilaridad de los acompañantes.
Terminado el pésame, cada uno a su casa o a su trabajo. El entierro completo duraba más de dos horas, menos para los hortelanos. Estos aprovechaban su estancia en el pueblo para relacionarse con sus amistades en bares y tabernas, volviendo algunos a sus huertas a los dos o tres días, eso sí, justificados con el entierro de un amigo o conocido.
Antonio Benítez "Padre"


R 27 de marzo de 2009

12 comentarios:

Anónimo dijo...

Si Señor Benitez, a mi también me han contado eso. Y me refiero a lo de pasar dos o tres días refrescando las amistades una vez que se subía del "lápiz" para arriba, para una vez que lo hacian. Lo que no llego a entender es porqué tardaban tanto en visitar el "Centro", pues no creo que haya más de 3 minutos andando. Andrés.

Perico Calderero dijo...

Antonio,no se puede hacer una crónica mejor de la que tu haz hecho de un entierro de aquella época en Bornos .A los mas jovenes les costará mas hacerse a la idea de lo que fué, pero a los que somos de aquellos años lo entendemos perfectamente.
Te doy la razón en lo que dices que "que breve es la vida" Parece que fué ayer cuando estabamos en la fábrica y éramos casi niños y han pasado -yo entré con trece años- cincuenta años,pero sabes que te digo...Que nos quiten lo bailao y lo que nos van a tener que quitar todavía ¿no te parece?

Un abrazo Antonio

Perico Calderero

juan dijo...

Pues sí señores, así eran los entierros, como lo ha contado Benítez. Yo lo viví así, y así lo recuerdo.

Por mi parte quisiera agregar, con el permiso del Sr. Benítez : Las mujeres no asistían al entierro, la fila de los dolientes, que se situaba delante de la puerta del domicilio mortuorio se formaba con arreglo al grado de parentesco con el finado.

Desde mi recuerdo y por todos los comentarios que oí al respecto, quisiera recordar a un hombre que asistía a todos los entierros, éste era Barreto, zapatero que vivía en la calle ¿ Los Sotos ?, siempre cubierto con una gran boina.

Una vez más, mis mejores saludos

Juan Cabrera

juan dijo...

Recuerdo perfectamente todos los hechos narrados por el Sr. Benítez, y con permiso de éste quisiera añadir: A los entierros no aistían las mujeres, éstas se quedaban en casa del finado consolándose.
La fila de los familiares del fallecido, que se situaba delante de la puerta del domicilio mortuorio y que recibía el pésame se formaba según grado de parentesco y siempre compuesta sólo por varones.
Según mis recuerdos y los comentarios que oí, hubo en Bornos un señor que asistía a todos los entierros, éste fue Barreto, zapatero que vivía en la calle ¿ Los Sotos ?.

Con mis mejores saludos

Juan Cabrera

Anónimo dijo...

hola buenas llo quiro decirq se murio el dia 23 d diciembre Antonio Pichaco Barcia muy conocido en bornos por el coli y no se dijo en esta pajina nada d el quiero q sepan era una gran persona umilde noble donde las alla y por eso escribo para q no se olbiden nunca d esas personas q como el y muchas personas q no caigan en el olvido un saludo

Anónimo dijo...

Amigo Antonio: Tu pequeña crónica vuelve a refrescar nuestra memoria. Mis recuerdos me llevan a las veces que desde niño acompañé a mi padre a entierros de todo tipo: De primera, casi petrificado por el enorme coro eclesiástico, con capas y dalmáticas, aquella voz potente y clara de Basílio Muñoz entonando los cánticos sagrados de una litúrgia de difuntos, hasta el de la pobre Hortensia de la calle Marimanzano, silencioso y triste, de "por Dios".
Pero ambos con igual destino: "Pulvis eris et a pulveris reverteris"
Desde Calella el recuerdo de mis padres y el abrazo propio.
Manolo Arias "Hijo".

Anónimo dijo...

antonio soy una bornicba de 50 años yllevo mas de la mitad de mi vida fuera
pero tal y como has comtado las cosasparece que sali ayer de ese precioso pueblo que es el mio me has emocionado yse me a saltado una lagrima recordando amis seres queridos cuando los acompañe en ese ultimo viaje ¡antonio eres el el antonio de mari¡ vesos ygracias







e
m


v












i



d
n




s

Anónimo dijo...

Sí, mis padres son Antonio Benítez y mi madre Mari Pinto, ¿me preguntan ellos que quién eres tú?

A. Benítez.

Anónimo dijo...

Un fuerte abrazo a Manolo Arias y familia, de parte de mis padres.

A. Benítez.

Anónimo dijo...

y yo se lo dedico a mi prima MAri y a su novio que pronto se van a casar

Anónimo dijo...

Antonio,en el apartado de los chistecitos a los que haces mención, estoy totalmente segura que serías uno de los que más ayudarías a mantener en vigilia a todos.Es un don que te honra.

Anónimo dijo...

Dos detalles mas, durante las largas horas se rezaban Rosarios y por otra parte en los velatorios se podian oir los ultimos chistes. Las cosas han cambiado muchisimo, lo que no cambia es el encuentro social de mucha gente que se ve que hacia tiempo que no saludaba.