domingo, 19 de marzo de 2017

Relojes poco fiables. Chascarrillo.

Al ver su foto publicada ayer recordé una anécdota que nos contaba Don José Real Labrador, el día de la convivencia del Club Deportivo Ciudad del Lago en el embarcadero -(¡Qué buen día echamos!)-.


Como bien dice su hijo en esa conmovedora carta abierta que le escribió con motivo del día del padre, nuestro amigo Pepe, fue un auténtico Bornicho por el Mundo, siempre buscando el sustento de su familia. Entre los muchos trabajos que realizó, está el de encofrador en las obras que se realizaban para la vía del tren de Jerez a Almargen. Concretamente, lo que nos contó, sucedió cuando estaba trabajando en el túnel que se ve en esta foto y que va desde cerca de la Estación de Villamartín hasta la fuente “La Zarza”, justo en el límite del término de Bornos.

En la foto su hijo Fernando en el mismo túnel, cuarenta años después.

Buena muestra de lo trabajador que era este hombre, es que Pepe, junto a alguno de sus compañeros de trabajo, formaron una cuadrilla y cuando daban de mano, aprovechando las largas tardes de verano, segaban por cuenta en una finca cercana.

Un día uno de los del grupo se dio cuenta de que el encargado de la obra guardaba su reloj en el bolsillo de su chaqueta y la dejaba colgada en el tajo y no se le ocurrió otra cosa que, en una de las idas y venidas de su jefe, coger el reloj y adelantárselo cinco minutos; los mismos que aquél día trabajaron de más en el otro trabajo, el de la finca. El dueño del reloj no se dio ni cuenta. Aquella noche puso su reloj en hora por el parte de la radio y le dio cuerda, como hacía todos los días. Genial!

Así estuvieron unos días, pero cuanto más se tiene, más se quiere y algunos días le adelantaban cinco minutitos a primera hora de la tarde y luego otros cinco. Esos días el hombre se mosqueaba un poco, pero como los demás días estaba casi bien, no le daba mayor importancia.

Pero claro, la cosa fue en aumento, los días de los diez minutos empezaron a sucederse y al poco empezó el reloj a adelantar hasta un cuarto de hora. Lo inevitable llegó y el encargado se compró un reloj nuevo. Pero, mira por donde, este también adelantaba.

A los dos o tres días fue a ver a Grané para que le diera otro y el vendedor extrañado así lo hizo. Este si que sí, este fue bien, ¡El primer día! Porque el segundo también se adelantó. Esa misma tarde volvió a ver a Grané, pero un poquito más mosqueado. El vendedor le explicó que aquello era muy raro y le mostró el primer reloj haciéndole notar que no había adelantado ni un minuto desde que lo dejó allí, así que le sugirió que se lo llevara y lo observara más a menudo. El señor encargado le hizo caso y desde entonces lo llevaba consigo preguntando la hora a cada rato y comprobando su exactitud ¡Siempre y cuando lo llevara encima! El hombre fue atando cabos y nunca más dejó su flamante reloj en ninguna parte. ¡Se acabó el manchón!

Moraleja:
" El que to lo quiere to lo pierde".

Como es de suponer, tampoco fue grande la perdida, porque aquello era más una travesura de niños grandes que otra cosa. Lo sintieron más por el cachondeito de la broma que por los minutillos que perdieron.
Así me lo contó Pepe, (más o menos).
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En este día tan señalado sirva este sentido recuerdo como homenaje a todos los hombres honrados y trabajadores que sacrificaron sus vidas por sus familias.
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