viernes, 5 de junio de 2015

Azul en calma.



Fiel a su seducción vitalicia,
el último sorbo se rindió
ante la incertidumbre de aquella noche.
No quedaban piezas en el tablero,
pero un apresurado latido,
tan sólo uno,

dotó de memoria al instante.

Indefensa y confiada,
tu silueta se mostraba
presente en el espejo.
Yo la respiré
desde la distancia del insomnio
y arranqué para ella 
las agujas del reloj.
Mujer dormida, tú,
que tanto me recordaste
al horizonte de Bornos,
has de saber ahora 
que fuiste presa momentánea,
víctima y amante,

cobaya de mi inocencia...
la jaula en su puerta abierta
.




José Bermúdez _______________________________________Germán Reina


R 5 de junio de 2008

3 comentarios:

Anónimo dijo...

RECOPILA TODOS LOS MARAVILLOS VERSOS QUE RECITAS PORUE SI TIENEN UN GRAN VALOR AHORA, IMAGINATE EN UN FUTURO LO QUE VALDRAN. EL POETA NO SE HACE SINO QUE SE NADE Y TU SEGURO QUE HAS LLEVADO UNO SIEMPRE DENTRO DE TI. SIENTETE ORGULLOSO

C.Barrero dijo...

Para tí, para mi, para todos/as. ¡Qué lujo poder disfrutar siempre esta visión!. ¡Qué paz al sentirla libre e inseparable!.
Enhorabuena por este bello poema.

C.Barrero dijo...

Perdón, mi enhorabuena también a Germán por esta claridad fotografiada y que ha servido de inspiración al amigo J. Bermúdez.