viernes, 26 de mayo de 2017

Pepe Galope, cazador desde chico.

"Sin exagerar, en la cacería he tocado todos los palos. Mira, fíjate lo que me pasó una vez:
Estaba una tarde jugando con los demás niños de mi edad, doce o trece añillos, cuando me senté en uno de los bancos de piedra de la Plaza de la Iglesia para descansar un ratito y allí, echado para atrás, me fijé en la cantidad de mirlos que se posaban en la higuera que había en los muros del torreón del castillo. Se me ocurrió que si ponía liria caerían unos pocos y así lo hice. Aunque era tardecillo fui a mi casa preparé la liria y con mucho cuidaito, sin que nadie me viera, subí y la coloqué.
Al otro día, cuando venía por la calle Clérigos para abajo, a dar una mareíta a la cacería, vi pasar una sombra que cruzó la calle, extrañado levanté la cabeza y vi el motivo... 
¡Era la higuera! ¡La llevaban los mirlos volando! 
¿Estamo?"

Así me lo contó Pepe Galope.

R 26 de mayo de 2008

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