jueves, 30 de marzo de 2017

La sandía




Medio día, Calle San Sebastián junto a la Plaza San Francisco, había un señora en la tienda comprando sus mandaos.
Nuestro José María desde la calle agarrado a la reja de la ventana se dirigió al tendero :
- Antonio, ¿No necesitas un recogedor?
Éste sin prestarle atención continuaba sirviendo el pedido de su cliente.
-No.
-¿Y no hay que hacer alguna chapucilla por ahí?
Sin mirarlo siquiera :
- ¡Que va!
José María, acariciando la sandía de cuatro kilos que estaba expuesta con otras furtas en el alféizar de la ventana:
- Pooo... po fíame esta sandía.
Antonio con cachondeito y señalando a la ventana le dijo:
- Llévatela... si puedes.
La clienta sonrió ante la imposibilidad de que la sandía cupiese por la reja.
José María asintiendo con la cabeza se fue sonriendo.
Después de comer y echar una siestecita, el tendero se dispuso a abrir su negocio por la tarde.
Nada más entrar, echó en falta la sandía de muestra. Estaba alli parado, atónito, intentando comprender lo sucedido, cuando pasó por la acera de enfrente José María , quien inclinando la cabeza y arqueando las cejas, con una sarcástica sonrisa, le enseñaba una navajita.

R 30 de marzo de 2008

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